Sinónimos

Muchos escritores están obsesionados por la búsqueda de la palabra precisa y buscan en los diccionarios el sinónimo adecuado para una palabra que no les acaba de satisfacer, pero muchas veces el problema no se resuelve encontrando ese supuesto sinónimo, sino cambiando la frase entera.

Egocentrismo

Creo que hay egocentrismos buenos y malos y que todos hablamos de nosotros mismos aunque no nos mencionemos. En mi opinión, el egocentrismo lamentable no consiste en girar alrededor de uno mismo, sino en hacer girar a los demás alrededor de uno. Es decir, en querer que los demás se comporten como nosotros y opinen en todo como nosotros.

(de El artista renacentista egocéntrico)

El artista anónimo

En el Renacimiento, muchos artistas salieron del anonimato de la Edad Media, que muchos alaban, y al que muchos parecen querer regresar con esto de la desaparición del autor en el mundo digital, pero que a mí no me gusta nada, pues me encanta ver a personas detrás de las obras, con sus vicios y virtudes. Como decía Montaigne de sus Ensayos : “Quien toca este libro toca a un hombre”.

Yo lo apliqué en su momento a mi revista Esklepsis y después a mi página web.

(de El artista renacentista egocéntrico)

Cómo tener más tiempo

Cuando me preguntan que de dónde saco tiempo para hacer las cosas lo primero que digo es que no veo la tele. No ver la tele significa dos horas libres como mínimo cada día, que suelen ser las horas mejores para hacer algo interesante. Además de no ver la tele: viajo en metro, tren y autobús, lugares perfectos para leer o tomar notas.

Pero estoy sobre todo de acuerdo con lo que dice Stephen King acerca de mejorar la calidad de vida si no ves la tele, sobre todo la tele española, que está llena de gente insultándose unos a otros y contando cotilleos, y ver eso, quieras o no, afecta a su vida. No es una cosa tan extraña: somos lo que comemos, también intelectualmente.

Creo que precisamente los que más son esclavos de la tele son sus mayores detractores: parecen siempre irritados por lo mal que está el país, por lo estúpido que es todo el mundo y lo horrible que es la televisión, pero quizá deberían mirar hacia otro lado si quieren ver algo mejor, no hacia la pantalla de la tele.

[extracto de Mientras escribo, de Stephen King (2ª parte) ]

Cambiar de tema para aprender mejor

Según ciertas investigaciones, la mejor manera de aprender algo es estudiándolo y luego yéndose a dormir. De este modo, según parece, se fijan mejor los conocimientos.

Yo sostengo la teoría de que no sólo durmiendo, sino también cambiando de tema se favorece la fijación de los conocimientos, que lo importante es cambiar de asunto. Por eso me gusta tanto trabajar en varias cosas a la vez.

Me parece, en efecto, que  es bueno distraerse de una cosa, sacarla de la memoria inmediata para poder hacerla mejor. Si permaneces en el mismo tema hora tras hora, al final te quedas empastado en él y pierdes la capacidad de ver sus defectos y virtudes. Es mejor ponerse con otra cosa y después regresar al tema original: descubres que tu mente ya ha ordenado gran parte del caos.

Hace tiempo encontré algo que parece coincidir con mi teoría  en los Agradecimientos del traductor de unos cuentos chinos de la dinastía Tang: “…a la Morilla, por haberme convencido suavemente de que para traducir mejor, lo mejor no es traducir, traducir y nada más que traducir.”

Quizá todo esto tenga que ver con eso que decía AA:

“–Estoy aprendiendo a escribir guiones.

–Ah sí, ¿y qué haces? ¿Vas a un curso?

–No, voy a lugares en los que nunca he estado, hablo con desconocidos, paseo, hago el amor con extraños, bailo. Y también sigo un curso de guión.”

Ella lo dice mejor, pero lo cito de memoria.

Larga noche de amor

Podemos contemplar toda nuestra vida como una noche de amor. Imaginemos las caricias y los placeres que nuestro cuerpo recibe en esa noche de amor, la piel que se desliza junto a la nuestra, su calor, su firmeza y su blandura, su humedad. Cada una de estas sensaciones es unos de los recuerdos que hallaremos años después en nuestra memoria, cada hermoso movimiento, cada gesto de ternura acariciará nuestra sensibilidad, pero ahora no desde fuera hacia dentro, sino desde dentro hacia afuera. Somos un cuerpo amado en una noche de placer que dura décadas, y del mismo modo que un cuerpo se excita, se relaja o vibra, así lo hace y lo hará nuestra existencia, enriquecida sensualmente con cada instante de placer.

La poesía de la experiencia y las bandas literarias

Yo no sé mucho, o no sé nada, acerca de la poesía de la experiencia, pero sé que, al menos en España, hay dos bandos enfrentados de poetas, unos son los de la experiencia y otros de no me acuerdo qué. La verdad es que me da igual, y lo último que haría sería meterme en una de estas guerras literarias.

Aunque sé que a menudo hay grupos y tendencias y generaciones literarias, yo intento leer a cada escritor sin tener en cuenta la facción en la que combate, o a la que le suman. Seguramente hay buenos poetas en las diferentes bandas y seguramente esas disputas tan enconadas sólo sirven para alimentar prejuicios y cegueras, así que no diré si ser poeta de la experiencia es bueno o malo. Tan sólo intentaré leer a poetas de la experiencia como Hardy o Larkin, y tal vez pueda decir entonces algo.

Por ejemplo: “Hay dos poetas que me gustan (o no me gustan): Hardy y Larkin. Los expertos los consideran poetas de la experiencia”.

Poco más.

Relaciones prefijadas

Solemos relacionarnos  con las personas a través de ideas prefijadas (nuestra idea de “mujer”, de “hombre”, de “joven”).

Pero con algunas personas nos relacionamos más allá del estereotipo o arquetipo y penetramos bajo la piel, la apariencia y nuestros prejuicios. Pero incluso con estas personas muchas veces no logramos evitar relacionarnos con “la idea que de ellas tenemos”. Y es muy posible que también ellas y nosotros intentemos adaptarnos a la idea que de nosotros tienen.

Pero a veces sucede el milagro de no quedarnos atascados en las ideas prefijadas. ¡Y qué placer! Es la pura libertad de ser uno mismo, que tan pocas veces nos permitimos o nos conceden.

La idea de mujer y las mujeres

Thomas Hardy criticaba en The Well-beloved “esa tendencia tan masculina a tener modelos femeninos prefijados”. Creo, como Hardy, que el error de muchos hombres (tal vez también el de muchas mujeres) es que no se relacionan con la mujer que tienen junto a ellos, sino con una especie de idea de “mujer”. El extremo de esa actitud es Don Juan, que sólo se relaciona con el arquetipo (o el estereotipo) de la mujer y que seduce pero no ama. El otro extremo, el bueno, es Casanova, que seduce porque ama, no porque ame seducir (aunque este también es uno de los placeres del amor, probablemente).

¿Qué fue del marxismo?

Hace muchos años, quise hacer para mi amigo MM una investigación acerca de Marx, en la que mi postura sería muy crítica.

Al no haber hecho ese trabajo en su momento, cuando el marxismo todavía era un gigante que abatir, ahora ya resulta difícil ponerse a la tarea, pues el gigante ha caído. Tal vez se incorpore de nuevo, pero mi sensación ahora es como la de Swann en En busca del tiempo perdido, cuando quiere saber si Odette le era infiel o no y supone que lo sabrá cuando Odette ya sea definitivamente suya y el amor se haya diluido con los años, y también los celos. Pero ese deseo tan grande de saber si aquella noche ella, estaba sola o no, resulta que también se diluye llegado el momento:

“Este problema tan interesante, que iba a poner en claro en cuanto se le acabaran los celos, perdió precisamente toda suerte de interés en cuanto dejó de estar celoso (A la sombra de las muchachas en flor, 114)

Incluso se le diluyó a Swan el deseo de vengase de Odette cuando ya no la amara:

“Con el amor se fue el deseo de demostrarle que ya no había amor” (116).

Es como lo que cuenta Iván Tubau en Matar a Victor Hugo: cuando era joven, prometió vengarse de un jefe que le maltrató, pero, cuando tuvo la oportunidad de vengarse, ya no tenía ningún deseo de hacerlo. Al Iván adulto ahora le resultaban indiferentes las promesas de aquel joven Iván.

Quienes no creemos en la venganza ni en la saña con los caídos, obtenemos mucho menos placer cuando el monstruo está a merced de nuestros golpes que cuando tenemos que golpearle para salvar nuestra vida (al menos nuestra vida mental). Ahora que ha llegado el día (desde hace quizá más de quince años) en que el marxismo ya no nos domina, ni siquiera tengo anhelos de señalar a todos aquellos que justificaron tantas atrocidades, pero sé que a veces hay que hacerlo, para no dar pie a malentendidos, y como solían decir ellos: “para hacer justicia a las víctimas”. A sus víctimas.

(2003)

La sociedad abierta y sus enemigos

La sociedad abierta y sus enemigos, de Karl Popper, es uno de los libros que mejor defiende la libertad y una sociedad más justa, atacando las sociedades cerradas de Platón, Hegel y Marx. Pero resulta que Popper, otro peligroso liberal como Stuart Mill, era de derechas, al menos en sus últimos 30 o 40 años (antes era socialista), y su nombre todavía es anatema entre las filas de cierta izquierda, a pesar de que sus ideas son una de las mejores armas contra la derecha, contra el conservadurismo y contra los propios liberales de hoy en día, y a favor de la libertad y una sociedad abierta, en la que, precisamente, una izquierda justa podría establecer pacíficamente sus ideas. 

Popper en ese delicioso libro es tan hermoso y útil como lo es John Stuart Mill en Sobre la libertad.

Moderación

Ser moderado en la expresión de los odios y afectos ideológicos, no significa que uno sea moderado en la vivencia de esos odios y afectos. Una cosa es lo que se siente y se piensa, otra muy distinta cómo se dice, aunque muchos no parecen distinguir entre ambas cosas y se mueven por el mundo como una egolatría descarnada (o encarnada, si se prefiere). A menudo, trasladar el sentimiento íntimo de manera espontánea sólo sirve para expresarlo mal, porque la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos casi siempre es indescifrable para los demás.

Difícil conclusión

Hay doctrinas con las que es difícil llegar a ninguna conclusión en una discusión, no porque no estemos de acuerdo con lo que defienden, sino porque lo han defendido todo. Una de ellas es el cristianismo; otra, el marxismo.

Perlas marxistas

He aprendido mucho de Marx y Engels, pues eran personas muy inteligentes pero, como suele suceder con los filósofos que construyen sistemas filosóficos, la mayoría de sus ideas dependen de ese sistema, con lo que una vez que cae el sistema cae con él su contenido. Lo mejor, ahora, sería renunciar, por fin, al cientifismo de Marx y, tal vez, editar sus mejores ideas en forma de breves fragmento o aforismos: Perlas marxistas.

El placer y el deber

Existen vividores que llegan a la conclusión de que existen dos mundos escindidos, en uno de los cuales se hallan los placeres, las locuras de juventud, la aventura y la seducción, mientras que en el otro habitan el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad y el deber.

Estas personas  se ofrecen a sí mismas tan sólo la posibilidad de vivir en un mundo o en el otro, renunciando por ello, tarde o temprano, a los placeres que se les presentan, aunque sientan que pierden algo que era suyo y que estaba a su disposición, pero que, al mismo tiempo, les confirma en lo acertado de su renuncia, que se demuestra a sí misma gracias a esta sensación de pérdida.

Pero eso no les impide de tanto en tanto recaer de nuevo en los errores pasados , movidos muchas veces por el deseo de no decepcionar a sus amigos, o con el propósito de negar que ya no son jóvenes,y precipitarse una vez más, que siempre es la última, a ese mundo de los placeres desordenados, cuyas horas trascurren inevitablemente de noche.

Y aquí, en esta elección, en esta última incursión en el mundo del placer, se entregan con la misma convicción y empeño que empleaban horas antes en el mundo del deber, pero sin poder evitar, e incluso buscando, los remordimientos, la ocasión constante para lamentar el paso que han dado, pues quieren sufrir con anticipación por cada nuevo movimiento que, llevándoles en una nueva dirección, les aleja del buen camino. “Debería estar allí”, se dicen, y se repiten promesas de reforma que postergan día a día, pero que les atormentan en cada una de sus horas, que amargan la dulzura obtenida en cada placer, que parecen reprocharles cada nuevo gesto, cada nueva pequeña alegría, cada nueva jornada en ese mundo del que saben, a pesar de la embriaguez momentánea, que hay que huir.

Lo harán finalmente, aunque la espera se prolongue, y serán redimidos, casi siempre por unos hijos, por un amigo que fue demasiado lejos y se detuvo antes que ellos, o por una mujer o un hombre que parece estar allí en el preciso instante en el que ya todo parecía perdido, en el que ya el camino de regreso se les ocultaba.

Pero casi nunca resulta fácil saber si su redención se ha producido por la intervención de un ángel salvador o si encontraron al ángel salvador porque ya empezaban a redimirse. Pero, por esa gratitud del ahogado al que la mano de un desconocido ha salvado en el último instante, y poco le importa que la mano sea la de un criminal o la de un santo, ellos asocian su nueva fe y su nuevo estado a la persona que creen les ha salvado, pero a la que seguramente ellos han situado allí, en su camino, porque había llegado el momento de ser salvados y regresar a la otra orilla.

Pero ahora, cuando cruzan a uno o al otro lado, al mundo del deber, nunca consideran que exista la posibilidad de transportar consigo los pertrechos del mundo al que renuncian, al que sólo conservarán en su memoria como la tierra de promisión o como el cautiverio de Egipto, del que han sido liberados pero que, en cierto modo, siguen añorando, como el liberto romano que al comprar su libertad compraba también un mundo de decisiones y responsabilidades que le hacía añorar aquel otro en el que no era libre pero todo era más fácil.

Enfermedades y emociones

Da la impresión de que cuando estás enfermo te encuentras menos protegido contra las emociones. Es frecuente que durante la enfermedad nos acordemos y revivamos todos nuestros problemas y angustias.

Esta observación, que cualquiera puede hacer, me parece muy llamativa.

Podemos intentar explicar este mecanismo pensando que lo que sucede es que al estar débil no estás bien y que, por un mecanismo simpático (en el sentido de la magia simpática, “por semejanza”) vienen a la mente otros momentos en los que no has estado bien.

O tal vez la explicación sea que no es la enfermedad la que desprotege, sino la salud la que protege: que cuando estás sano las tristezas están controladas, o algo parecido. Al enfermar se abrirían esas compuertas.

Lo curioso del mecanismo, en cualquier caso, es que parece actuar a la inversa de lo razonable: no te protege cuando resulta más necesario protegerte, pues no sólo tienes que soportar la enfermedad, sino todas las tristezas asociadas que empiezan a caer sobre ti.

Ahora bien, se me ocurre una razón que pudiera explicar este extraño mecanismo biológico-psicológico. Si un animal, digamos un hominido hace millones de años, enferma, ello puede deberse a diversos motivos, por ejemplo, haber bebido agua en mal estado, que se le infecte una herida que le hizo un león hace unas semanas, etcétera. Por eso, cuando enferma, es bueno que pasen por su mente las diversas situaciones, tristes o peligrosas que ha vivido, porque en una de ellas puede estar la solución a su mal actual.

Cómo recordar canciones

Canturreo una canción y, para no olvidarla, después la escribo en un papel.

El resultdo es: “Tu-tú-ru-rú-tu-ru-rú-tu-ru-ru-rú-tu-ru-ru”

Es evidente que con esto no puedo recordar la canción, a pesar de que he transcrito lo que me sonaba en la cabeza. Es como aquello que contaba Hitchcock de aquel que sueña una película maravillosa, busca a tientas un papel y, sin ni siquiera encender la luz, escribe la idea, para así poder recordarla la despertarse. Cuando se despierta, coge el papel y lee: “Chico conoce chica”.

La mitología comparada, ¿arte o ciencia?

La mitología comparada es más un arte que una ciencia, aunque se ayuda por la ciencia de la lingüística y la filología, así como por la arqueología y la historia. Pero sus practicantes se asemejan a menudo a detectives que intentan reconstruir piezas rotas, o un puzzle del que apenas quedan unas cuantas piezas. La comprobación de las hipótesis es difícil, porque no hay manera de ponerlas a prueba en experimentos decisivos. La mayor verosimilitud se consigue al construir un edificio coherente, en el que pequeños detalles son interpretados o reinterpretados, mostrando un nexo al principio sorprendente, pero que paso a paso va demostrándose más y más plausible. Naturalmente, puede darse el caso de que un descubrimiento arqueológico confirme alguna de estas teorías, pero, casi todas ellas deben su prestigio a la elocuencia de sus defensores y al consenso más o menos amplio y más o menos cambiante de los expertos en la materia.El filósofo Bertrand Russell decía que a menudo pensaba que la filosofía era una rama de la literatura. Georges Dumézil, que fue el mayor experto en mitología comparada relacionada con los indoeuropeos, admitía que, como suele suceder a menudo en este campo, sus teorías podrían ser en el futuro refutadas por mejores investigadores, y todos sus descubrimientos negados y considerados mera fantasía. En ese caso, dijo, tampoco pasaría nada grave: bastaría con cambiar sus sus libros de estante, quitarlos del de la ciencia y ponerlos en el de la literatura.

Mitología comparada y los semitas

La mitología comparada tiene en los pueblos indoeuropeos un campo de estudio apasionante, aunque no dudo que algo semejante se podría decir de los pueblos semitas, pese a que, tal vez la unificación bajo el Islam no ha permitido conservar muchas de esas tradiciones.

Las mentiras de la lingüística

A menudo la lengua, más que facilitar la compresión de los movimientos migratorios y la composición étnica, la dificulta, escondiendo semejanzas y diferencias.

La tardía conquista de Inglaterra por los sajones y la posterior conquista danesa hizo que lo que hoy sería un pueblo latino por su lengua haya pasado a considerarse, si no germánico, al menos sí anglosajón, a pesar de que cerca del 40% de su vocabulario es de origen latino. Otras veces, el que dos pueblos hablen una misma lengua puede esconder diferencias mayores, como en el caso de pueblos con gran componente indígena de la América latina, que se consideran pueblos latinos y más cercanos a España que los alemanes o los marroquíes, lo que quizá sea una incongruencia, sobre todo si nos referimos a indígenas aimaras o mayas. Los árabes estuvieron ocho siglos en España, probablemente un poco más que los romanos. Sin embargo, apenas hablamos su lengua, por lo que se nos considera un pueblo latino. Los germanos, al menos en algunas zonas de España estuvieron más tiempo que los romanos y que los árabes (si las primeras invasiones germanas se produjeron hacia le año 500, en algunas zonas dominaron más de mil años, además de conseguir, a través de reyes godos como los Reyes Católicos, el dominio de casi toda la Península en el 1492). Pero es evidente que no somos un pueblo germano; ¿lo seríamos si se hubiera impuesto una lengua germana?

¿Podemos decir que existe un gran parentesco entre los españoles y los rumanos aparte de compartir una lengua latina? ¿Es que los franceses dejaron de ser mayoritariamente descendientes de la población galo romana cuando adoptaron para su nación el nombre de una tribu germana, la de los francos?  Paradojas como estas hay muchas, que muestran que el que un pueblo sea considerado latino, germano, indoiranio  o eslavo es a menudo cuestión casi de azar o carambola histórica.