• c

  • Comentarios recientes

    amelia12 en Los indoeuropeos y la mitologí…
    Zeyrus M. en La utilidad de los mitos
    neuer en La utilidad de los mitos
    La utilidad de los m… en La utilidad de los mitos
    neuer en Modas efímeras

Don Quijote y James Bond

En el Quijote de Avellaneda, la segunda parte apócrifa del Quijote, Sancho Panza cuenta un chiste que me ha recordado uno que circulaba en el colegio acerca de James Bond.

El de James Bond, imitando la manera de presentarse del agente secreto en sus películas, dice:

Que tomas, Bond, James Bond?
En un congreso de agentes secretos, un agente español se acerca al agente 007 y le pregunta:

- Usted como se llama?
- Bond, James Bond. Y usted ?
- Brosio, Ambrosio…

Después se van a tomar algo a un bar. Y dice Ambrosio:

– Que tomas, Bond, James Bond?
- Yo un Gin, Gin tonic. Y tu, Brosio, Ambrosio ?
- Yo tambien un Gin, un Bote-llin.

En el Quijote escrito por Avellaneda, el chiste es muy similar. Dice Sancho:

- Y, aunque no soy don, mi padre lo era.
-¿Cómo es eso? -dijo don Álvaro-. ¡Vuestro padre tenía don!
-Sí, señor -dijo Sancho-, pero teníale a la postre.
-¿Cómo a la postre? -replicó don Álvaro- ¿Llamábase Francisco Don, Juan Don o Diego Don?
-No, señor -dijo Sancho-, sino Pedro el Remendón.


Marxismo frente a magia en la mitología

La mitología es uno de los terrenos en los que se puede observar con más claridad el cambio de paradigma que ha tenido lugar entre el marxismo (dominante hasta el año 1989) y la magia, que ha empezado a extender entre todo tipo de público desde finales del siglo XX, pero especialmente en los últimos años.

La influencia del marxismo se hizo notar en los estudios de mitología de una manera clarísima. Se buscaban causas materiales tras los mitos, razones económicas, rutas comerciales, etcétera. Esta influencia se notaba incluso en pensadores muy alejados del marxismo, que practicaban estudios de tipo más fenomenológico, psicologista o simbólico.

Pero ahora hay cada vez más escritores que introducen la magia en sus explicaciones, pero no sólo porque destaquen la importancia de la magia en el tema estudiado, sino porque literalmente creen en ella. Así lo hace Peter Kingsley, por ejemplo, en su estudio acerca de Parménides (o Parmeneides):

“De la misma manera que nos gusta creer que somos nosotros quienes “hacemos los descrubrimientos”, también pensamos que “tenemos” sueños. Pero lo que no comprendemos es que algunas veces otros seres se comunican con nosotros a través de nuestros sueños, de la misma manera que intentan comunicarse a través de acontecimientos externos” (En los oscuros lugares del saber, 153).

Kingsley no está intentando mostrar ni explicar la visión de un griego que asiste a los rituales, no está intentando ponerse en su lugar: habla por çél mismo. Es él quien opina que otros seres nos visitan a través de los sueños. Pero, al mismo tiempo, Kingsley no habla (o no habla siempre) como un charlartán de feria: es un erudito temible y un estudioso que conoce a fondo sus fuentes. Un contraste curioso, sin duda. Tal vez, dirá un pesimista, una muestra más de cómo los lunáticos se apoderan del método científico, extraordinariamente semejante al como lo hacen los creacionistas. Ellos han aprendido de sus enemigos. Tal vez los  científicos podrían aprender también de ellos: cómo resultar más cautivadores para audiencias no científicas o especialmente crédulas.

Se podría quizá encontrar una comparación interesante con la interpretación de la música barroca: como es sabido, durante décadas se olvidó cómo se interpretaba la música barroca, especialmente la parte del bajo continuo.

Así que la música barroca se interpretaba casi siempre a la manera romántica (digamos, como lo hacia Karajan). Frente a esta interpretación barroca había otro modo muy frío, formal, mecánico. Eran las dos maneras de ver (y sobre todo escuchar) la música barroca. Pero ambas eran érroneas. La manera romántica ponía en la música barroca sus propias ideas de una manera exagerada, mientras que la manera formal era aparentemente científica, pero perdía lo esencial. Después, poco a poco, se empezó a investigar cómo se interpretaba la música barroca, y se hizo no leyendo uan y otra vez las partituras, sino buscando detalles en cronistas de la época, desde Casanova a cualquier novelista que hubiese contado qué hacían los múiscos en un concierto barroco. Se rescato así una manera de interpretar que unía el rigor de la manera formal junto al ardor y vida de la manera romántica. A veces, incluso, con instrumentos originales, aunque ese es seguramente und etalle no tan imprescindible.

Me da la sensación de que también existe un camino intermedio entre el vuelo mágico y el metro subterráneo científico. Entre volar por el aire estrellándose continuamente con los edificios y el caminar sólo alrededor de los cimientos.

Hipótesis mitológicas

Se puede aplicar el método de Kepler, que yo considero uno de los más interesantes y fecundos, al mundo mitológico.

Consiste en plantearse cualquier tipo de hipótesis, sin apenas prestar atención a la plausibilidad que pueda tener. A continuación, se defiende esa hipótesis como si ya supiéramos que ha sido comprobada, buscando todos los datos que la confirmarían. Una vez completamente desarrollada, se la somete a una dura crítica, intentando encontrar todo lo quie pueda refutarla y comparándola con datos nuevos que puedan ponerla a prueba.

ESo hacía Kepler al suponer que el sistema solar se podía explicar por cualquiera de los sólidos perfectos o platónicos. Intentaba encajar todos los datos y luego sometía la hipótesis a contrastación. De esta manera acabó encontrando, casi por descarte, la única figura que satisfacía la hipótesis aventurada y la rigurosa comprobación posterior: la elipse.

Intentaré aplicar el método kepleriano a la mitología griega: desarrollando diversas hipótesis, no por lo atractivas que me resulten, no porque algo me diga que son correctas, sino tan sólo, digamos, por deporte, porque sí, sin más. Pero intentaré también buscar con sinceridad lo que pueda demostrarlas… y después lo que pueda refutarlas.

Comenzaré, creo, con una interpretación absolutamente evemerista y con otra semisimbolista (Helena no es uina mujer, sino un concepto, una idea, un objeto, una riqueza determinada…)

Creo que me centraé en la Guerra de Troya, pero tal vez elija el laberinto, aprovechando el excelente libro publicado por Marcos Méndes Filesi: “El laberinto, historia y mito”.

La guerra de Troya y el Sahel

Alvin Lesky menciona un pasaje muy interesante de La Ilíada

“Pero el hecho de que La llíada, igual que la Odisea, conocía el poder de la canción que llega hasta los oídos de las personas alejadas, como la necesidad de contar con una clase de aedos para ejercer este influjo, lo atestigua aquel pasaje (Ilíada, 6, 357) en el que escuchamos los lamentos de Helena a Héctor de que Paris y ella se convertirán en canción para las generaciones futuras:

Pero entra y siéntate en esta si­lla, cuñado, que la fatiga te oprime el corazón por mí, perra, y por la falta de Alejandro; a quienes Zeus nos dio mala suer­te a fin de que a los venideros les sirvamos de asunto para sus cantos.

Este pasaje está en el borde mismo del metalenguaje, como si los héroes se supieran ya personajes de un poema épico, pero podría interpretarse como una expresión plausible de alguien que se sabe protagonista de un momento histórico.

Es muy semejante a la historia El laúd de Gassire, encontrada y recontada por Leo Frobenius en el Sahel. No estoy seguro de si Frobenius no es sospechoso de haber querido imitar al pasaje homérico.

Es probablemente un mitema, un tema mitológico, digno de estudiarse.

Falibilidad

De las hipótesis que podemos hacer hoy acerca de cualquier cuestión controvertida (historia, mitología, filosofía), sólo unas pocas podrán ser sometidas a examen, a comprobación; muy pocas podrán ser, en definitiva, refutadas o comprobadas de una manera clara. Esa contrastación mostrará que en el noventa por ciento de los casos nuestras hipótesis eran erróneas, o al menos incompletas o imprecisas. Tan sólo obtendremos algún que otro acierto en un mar de inexactitud. Así que, lo único que podemos hacer es intentar que al menos esas hipótesis, condenadas a la refutación futura, sean al menos interesantes, y que causen cierto placer al que las lea y als examine.

Firmas en la Feria del libro de Madrid

Este fin de semana estaré dos días en al feria del libro de Madrid, firmando ejemplares de tres libros…

elcaminodelosmitos2“La nueva teología” en El camino de los Mitos. Caseta Editorial Evohé. Día 5 de junio de 18h a 21h

 
Sábado 6 de mayo, de 19.00 a 21.00

verdadera-historia


La verdadera historia de las sociedades secretas
 

(y Las paradojas del guionista).

paradojasdelguionista

Caseta ALBA Editorial. 6 de Junio 2009

Psicomagia

Es cierto, a veces la psicomagia funciona, pero también funcionan los termostatos, y nadie se convierte a la religión de los termostatos.

Los dos principios de Billeter

Jean François Billeter aplica dos principios a la lectura de Zhuang zi:

En primer lugar, no se pregunta qué ideas está desarrollando Zhuang zi, “sino qué experiencia particular o de qué aspecto de la experiencia común está hablando” (20)

En segundo lugar, aplica un principio aprendido en Wittgenstein: atender más a la descripción que a la argumentación o explicación. Describamos lo que vemos. Cosa que, dice, también hace Zhuang zi.

Billeter lo ilustra con la célebre escena del carnicero.

Compara Billeter el encantamiento del lenguaje con la percepción verdadera de las cosas y con lo que decía Valery:

“Lo que pienso estorba a lo que veo, y recíprocamente. Esta relación es observable”

(¿Se podría comparar con aquello de Salinas: “Lo que dices me distrae de lo que eres”?)

Se produce un desajuste entre el lenguaje y la relidad, sigue Billeter; y así es en efecto, aunque habría que insistir quizá en que ese desajuste se produce porque el lenguaje ha puesto nombre a la realidad, a las diversas realidades.

Quizá no sea tanto, como dice Billeter, que exista una incompatibilidad entre el lenguaje y la realidad (37) (que efectivamente puede existir también), sino de la necesidad que tenemos de explicarnos y clasificar la realidad, cosa que hacemos fundamentalmente usando el lenguaje, pero que también podríamos hacer, y de hecho hacemos, incluso sin utilizar el lenguaje.

A menudo el conflicto no se da entre el lenguaje y la realidad, sino entre lo que vemos y lo que pensamos.

Del mismo modo que un niño dibuja una mesa y pinta las cuatro patas, aunque no puedan verse realmente en la perspectiva, elegida: porque no pinta la mesa que ve, sino la mesa que piensa (y él piensa que una mesa tiene cuatro patas, y que debe tenerlas).

Sobre Giordano Bruno

[Encontrado en Filosofía barata]

Giordano Bruno

 Giordano Bruno fue un pensador completo, se movió en una época en la que la magia, la alquimia, la astrología, la religión y en general el pensamiento se entremezclaban. Esto, normalmente generaba bastantes controversias y dispares puntos de opinión. Dice Daniel Tubau en su libro La verdadera historia de las sociedades secretas(Ed. Alba, 2008), que para muchos fue un martir de la libertad de pensamiento y de la ciencia, pues quemado en la hoguera en 1600 a causa de sus ideas, que para otros fue el fundador de la psicología y del psicoanálisis, para otros simplemente un mago enloquecido y para unos pocos que bajo el hermetismo y la magia sólo se escondía un precursor del laicismo y de la libertad de conciencia. Lo cierto, es que este pensador, fundara una sociedad secreta o no (cosa que Daniel Tubau cree poco probable), fue un personaje adelantado a su época, dispuesto a morir en la hoguera, en defensa de unas ideas. Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla. Giordano Bruno

Interpretar a Shakespeare

Después de leer Shakespeare, los fuegos de la envidia, mi intención era encontrar una constante en las obras de Shakespeare, una idea repetida que se diese en sus obras y que las explicase o iluminase, a la manera que lo hace Girard, quien aplica a Shakespeare el concepto de deseo mimético. Como anoté en un Cronos, mi tesis sería que en Shakespeare lo importante es la disparidad entre la imagen que de sí mismos tienen los personajes en cuanto personajes sociales y sus verdaderos pensamientos o sentimientos, o algo parecido.

Después de leer Los dos Hidalgos de Verona, veo razones para llevar adelante esta tesis o alguna parecida, pero también empiezo a pensar que la verdadera tesis revolucionaria para explicar a Shakespeare es la de que no existe una tesis tal. E incluso pienso que mi libro se podría titular: En defensa de Shakespeare.

SE supone que quería decir En defensa de Shakespeare…contra sus interpretadores. Aquello que me planteaba era una especie de divertimento, porque pienso que en general el valor de este tipo de hipótesis es poner en marcha la maquinaria interpretativa, pero no llegar a una conclusión que se pretenda demostrativa. Son sólo una excusa.

Proteo el cambiante

Es indudable que Shakespeare eligió el nombre de Proteo (el dios marino transformista) en Los dos hidalgos de Verona para resaltar su carácter cambiante; se enamora de Julia, pero luego se enamora de Silvia. Pero ese carácter cambiante también se expresa en otros actos menores de Proteo, que no suele comportarse de la misma manera ante unos y ante otros. En el inicio, por ejemplo, Proteo dice unas cosa a Julia y otras muy distintas a su padre (de manera casi inmediata). Más adelante también cambiará ante Silvia y cuando ella no está delante; ante Valentín y cuando él no está delante (por ejemplo, con el apdre de Julia. Hay una continua disparidad entre el comportamiento público y privado de Proteo.

Empobrecimiento cultural e Internet

La tecnología de Gutemberg como empobrecimiento de la cultura.

Dice McLuhan que lo dice Mumford en Estudio de la historia

¿Se podría decir lo mismo de la primera llegada del sonoro al cine, y de la actualidad de Internet?

Probablemente sí, y probablemente vendrá pronto un enriquecimiento asombroso (que quizá ya está sucediendo en paralelo o subterráneamente junto a ese empobrecimiento).

Es casi todos los asuntos, la generalización masiva de un medio tiene como primera consecuencia un empobrecimiento del análisis y del discurso. Un ejemplo fue la extensión del pensamiento político a las masas en el siglo XIX y XX (o incluso desde 1789), que llevó la discusión política a una pobreza pavorosa, de la que se contagiaron los mismos intelectuales, porque no es lo mismo hablar para unos cuantos que se leen un libro que para miles o millones de seguidores enfervorizados, que sólo pueden aceptar y repetir discursos simples, incluso bajo la forma y apariencia de discursos complejos (como los de Sartre).

Pero tales situaciones son probablemente inevitables y acaban traduciéndose en un beneficio mayor para la humanidad en general (o al menos esopodemos pensar en los momentos que invitan al optimismo).

En realidad, junto a ese reduccionismo dominante que parece dominarlo todo, también en el siglo XX se hicieron probablemente los análisis políticos más sutiles.

De esto habla bastante, creo, Canetti en Masa y poder.

Teleportación macluhiana

McLuhan habla ingeniosamente en Comprender los medios de comunicación de cómo nace la rueda como extensión del pie, lo que supone al mismo tiempo una extensión y una amputación (supongo que una verdadera extensión serían los zancos y los esquíes).

Si pensamos en la teletrasportación o teleportación, podríamos decir que ello significará la amputación del cuerpo entero.

McLuhan y los moralistas

Una buena observación de McLuhan, que deberíamos recordar cada vez que, llevados por nuestra moralidad o nuestras opiniones, nos olvidamos de observar las cosa y exponerlas con claridad, cegados por el único objetivo de dejar muy claro lo que pensamos y nuestra posición moral o ideológica ante cualquier asunto que pase por delante:

“Durante muchos años vengo observando que los moralistas suelen sustituir la ira por la percepción”

En honor de >McLuhan hay que decir que, segun parece verse en la larga entrevsita que concedió a Playboy (”Una cándida conversación con el gurú de las nuevas tecnologías”), los análisis, descripciones y predicciones de McLuhan se desarrollaban en contra de sus propias opiniones personale.

Causas tenues y amor

Al revisar mi relato Gabor (en Recuerdos de la era analógica) he encontrado esta exposición de las causas tenues (en cambios incesantes) en relación con el amor:

“No es fácil seguir con esta historia. En las novelas todo parece seguir la vieja ley de la causa y el efecto, pero en la vida real las cosas no suceden así. Es cierto que cuando miramos hacia atrás y recordamos el pasado, nuestra mente halla una coherencia, una sucesión de causas y efectos, pero esa coherencia es tan sólo un producto de nuestro anhelo de orden. Nuestra manera de sentir y de pensar cambia día a día de manera imperceptible. Hay transformaciones de cuya evolución ni siquiera somos conscientes. Un día descubrimos que somos otra persona e intentamos explicarnos las razones de ese cambio. Pero no podemos evitar hacer trampa. En realidad, sólo contamos con el resultado inicial y el final, lo que éramos y lo que somos, así que nuestro cerebro se encarga de inventar las conexiones, el camino que nos lleva de una a otra emoción. Amábamos, ya no amamos. ¿Cuándo dejamos de hacerlo? ¿Por qué dejamos de hacerlo? Nadie lo sabe. Buscamos algún detalle: una acción que interfirió en nuestro sentimiento original, un gesto que nos reveló algo que hasta entonces queríamos mantener oculto. Suponemos que si la nueva emoción consiguió abrirse camino hacia nuestra sensibilidad tal vez fue porque estábamos preparados para ello de antemano. O tal vez no. ¿quién sabe? Conseguimos que todo resulte razonable en nuestra reconstrucción del cambio producido, pero lo cierto es que casi siempre tomamos la causa por el efecto. Creemos que hemos dejado de amar a alguien porque hemos encontrado a otra persona a la que amamos más, pero lo que sucede es que empezamos a amar a la otra persona precisamente porque ya habíamos dejado de amar, sin saberlo, a la anterior.”

Las causas tenues de Xi Kang

Xikang habla de las causas tenues: esos pequeños pero continuos cambios que apenas advertimos, precisamente por lo tenues que son. Dice Xi Kang que el error de quienes quieren alcanzar longevidad o vida inmortal es recurrir a las grandes pócimas cuando ya es demasiado tarde, del mismo modo que hacen los enfermos que se quieren curar cuando la enfermedad ya está muy avanzada.

Pone un ejemplo elocuente del médico Bian Que, que detectó la enfermedad del duque Huan de Qi desde sus primeros estadios, pero el duque se negó a ser tratado, porque no se consideraba enfermo. Semana tras semana, el médico detectó el vance silencioso de la enfermedad, pero sus advertencias fueron desoídas. Finalmente, la enfermedad se extendió a la médula espinal, lo que ya hacía imposible su curación.

Como dice Xi Kiang: “En realidad, la enfermedad está hecha de síntomas tenues y el que no se les ponga remedio cuando se manifiestan es la causa de que, después, muchas sean las pociones que no tienen ningún efecto”.

Hace más de 13 años hablé de esto en la entrada Enfermos imaginarios

(en Elogio de la anarquía por dos excéntricos chinos del siglo III)

El cambio incesante

No sé qué nombre poner a este fenómeno intelectual que me interesa desde hace muchísimos años, y que es, en cierto modo, lo opuesto al cisne negro de Taleb (la ocurrencia de sucesos completamente inesperados o improbables).

Me refiero con el cambio incesante a esos pequeños cambios que se van produciendo, tan poco a poco, tan lentamente, que apenas los percibimos. Pero, de repente, estamos en uan situación completamente diferente sin siquiera darnos cuenta del gigantesco cambio que se ha producido. ES, digamos, el cambio evolutivo gradual frente al catastrófico o frente a la mutación.

Esa sucesión de pequeños cambios es lo que hace que tengamos la engañosa opinión de que \”siempre hemos pensado lo mismo\”. Pero lo cierto es que, al menos si somos personas con un mínimo de raciocinio, lo más lógico será que cambiemos de opinión bastante a menudo.

También de este modo caen los grandes imperios a menudo. Roma, según parece bastante probable, no cayó por las famosas invasiones de Atila u otros invasores más o menos bárbaros, sino por cambios graduales casi microscópicos. Cuando quiso darse cuenta, su poder ya no existía. Y así se podrían encontrar muchos más ejemplos.

Escribiré un libro sobre esto al estilo de El cisne negro.

Narciso y los complejos freudianos

McLuhan hace dos inteligentísimas observaciones acerca de Narciso

Es nuestra cultura narcótica y narcisista lo que nos ha hecho interpretar a Narciso como enamorado de sí mismo.

(Comprender los medios de comunicación, 67)

Es probablemente cierto. Narciso no estaba enamorado de sí mismo, sino de ese joven que veía en el reflejo que le ofrecía el agua. Por eso se ahogó al intentar alcanzarlo. Podemos decir que Narciso era tonto, pero no egotista o narcisista: si se amaba a sí mismo, bastaba con abrazarse y besar su cuerpo (que siempre llevaba consigo), no hacía falta lanzarse al agua.

Además, existía otra versión decía que Narciso veía en el agua a su hermana muerta.

Es importante recordar que los héroes griegos de las enfermedades psicológicas freudianas no padecían los complejos o enfermedades a los que han dado nombre.

Edipo no se enamoró ni deseó sexualmente a su madre, sino como mucho a la reina viuda cuya verdadera identidad él  no conocía.

Tampoco mató a su padre por aquello que decía Freud de que había que “matar al padre”, sino que tan sólo mató a un hombre con el que tuvo uan disputa en el camino a Tebas.

La otra observación es puramente macluhiana:

El joven Narciso insesibilizó sus percepciones hasta que se convirtió en un servomecanismo de su propia imagen extendida o repetida.

Elogio de la anarquía por dos excéntricos chinos

Jean Levi advierte en su prólogo a Elogio de la anarquía por dos excéntricos chinos, que el libro tiene entre otros propósitos refutar la idea que sostiene que “el debate de ideas tal y como se practica en Occidente desde la época de la Grecia clásica no ha tenido lugar en China”.

Luego explica que el gusto por la discusión se dio en China de manera acentuada durante la época de los Reinos Combatientes, que se atenuó un poco en la época Han (aunque fueron organizadas disputas en presencia del Emperador) y que ocuparon una posición de honor bajo las dinastías Wei y Jin (siglos III-IV).

Podría añadirse que continuaron con aquellas célebres disputas entre taoístas, budistas y confucianos en la época Tang, que recuerdan a aquellas que mantuvieron en la España pre-católica los judíos con los musulmanes y los cristianos.

En conclusión, para Levi el dialógo “era la forma de expresión privilegiada en la China antigua” (11).

El debate comprende al maestro, al discípulo y al contradictor (la tesis opuesta).

A menudo, como en Zhuang zi, el autor crea un contradictor imaginario, cosa que también hace Han Fei en su “refutación del poder de la posición”. Lo mismo sucede con el ensayo más brillante de Xi Kang: “La música no es alegre ni triste por sí misma” (12s)

Xiang Ziqi, interpretó el Laozi y el Zhuangzi, hasta el puntoq ue algunos el aytribuyen el comentario más célebre del Zhuangzi, la de Guo Xuiang.

Xiang Ziqi era uno de los siete sabios del bosque de bambú

Medir el tiempo y la decadencia

Sándor Márai recuerda en el segundo tomo de sus memorias ¡Tierra, tierra!, lo que decía Spengler de que los pueblos decadentes se obsesionan por medir el tiempo. Decía Spengler que las culturas “armoniosas y vivas” no tienen interés alguno por los períodos de tiempo contabilizados hasta el último segundo”. Ejemplos son los griegos que se regían por la sucesión de los Juegos Olímpicos o los chinos.

Aunque este tipo de consideraciones a pueblos decadentes y armoniosos siempre resulta muy discutible y pocas veces está exento de contradicciones, resulta muy tentador aplicar el razonamiento al mundo actual y a los blogs en particular, con su obsesión en marcar lo diario, lo actual, la fecha en que se escriben las cosas.

(¡Tierra, tierra!, 45)