Sobre “Metáforas de la vida cotidiana”, de Lakoff y Johnson

Los autores, en su generosa lista de influencias, citan a Wittgenstein. Por ello, no es extraño que sostengan una teoría que parece, en cierto modo, un desarrollo de la expuesta por Wittgenstein en su Tractatus.

El filósofo vienes afirmaba que las proposiciones son pinturas de la realidad y que entre ellas y lo representado existe una forma lógica común (pese a que tal forma lógica pueda revestirse de diversas formas descriptivas, TLP, 218,2182 y 40141).

En otras palabras, Wittgenstein decía que existe un isomorfismo entre la representación y lo que ésta representa.

Lakoff y Johnson, por su parte, desarrollan la teoría de la representación wittgenstiana y sostienen que los procesos del pensamiento humano son en gran medida metafóricos.

Es cierto que entre la metáfora y aquello que ésta explica se da un isomorfismo (esa es ciertamente la naturaleza de la metáfora), pero no es eso lo que Lakoff y Johnson quieren destacar; ha de entenderse, además de lo anterior, que nuestros conceptos “se estructuran metafóricamente, la actividad se estructura metafóricamente y, en consecuencia, el lenguaje se estructura metafóricamente” (42).

En otras palabras: “La metáfora no está meramente en las palabras que usamos, está en nuestros mismos conceptos” (42), En definitiva: concebimos las cosas de manera metafórica.

Lo anterior implica que las metáforas que empleamos explican cómo vemos el mundo, y que si empleamos tan a menudo la metáfora UNA DISCUSIÓN ES’ UNA GUERRA, es porque nuestro concepto de las discusiones es precisamente ese, pues “las metáforas como expresiones lingüísticas son posibles, precisamente, porque son metáforas en el sistema conceptual de una persona” (42).

Yo estoy de acuerdo con lo que proponen los autores si no es entendido de manera radical, pues no creo que nuestra comprensióndel mundo sólo sea posible mediante la metáfora, pero si que “la metáfora es [a veces] la única manera [o una de las maneras más importantes] de percibir y experimentar, muchas cosas [pero no todas] en el mundo.” (Post Scriptum, p.283)

(En la cita anterior he puesto entre corchetes ciertas matizaciones mías que, supongo, aceptarían los propios autores.)

Esas cosas que pueden ser percibidas y mejor comprendidas con ayuda de la metáfora son precisamente aquellas que no son realmente comprendidas, como el cerebro humano; son aquellas cosas de las que se ignora o sus componentes o su funcionamiento y, por ello, al no poder “nombrarlas por su nombre” (no estoy defendiendo una concepción realista de los nombres a la manera de Platón), nos vemos obligados a sustituir esos aspectos ignorados por otros conocidos, construyendo un modelo isomórfico.

En ese sentido, como señalan los autores en el Post Scriptum, “es como si la capacidad de comprender la experiencia por medio de metáforas fuera uno de los sentidos” (233).

(Quizá se podría considerar la metáfora como un eficaz instrumento contra la entropía: proporciona orden a un sistema en sí desordenado; pero se trata de un orden transitorio y, en cierto modo, ficticio).

Otra frase del Post Scriptum confirma que los autores ven la metáfora como un instrumento para comprender la realidad, no como el instrumento (algo a lo que quizá induzca la lectura de las páginas a comentar):

“Creemos que es importante darse cuenta de que la manera en que hemos sido enseñados a percibir nuestro mundo no es la única, y que es posible ver más allá de las ‘verdades’ de nuestra cultura.”

(Si esta frase inplica la defensa de cierto relativismo/solipsismo cultural o, por el contrario es una apelación a verdades trascendentes, no es este lugar para discutirlo: yo la entiendo en un sentido más laxo:existen diversas maneras de explicar un mismo fenómeno, y estas maneras diferentes dan origen a metáforas, a conceptos metafóricos, diferentes).

Para terminar con este enfoque: Wiener, como señala Eco y otros autores, parece no distinguir en sus trabajos la información del significado, sin embargo, dice:

“Un fragmento de información, para contribuir a la información general de la comunidad, debe decir algo sustancialmente distinto del patrimonio de información ya a disposición de la comunidad” (citado en U. Eco, Obra Abierta, 131).

En este sentido, la metáfora ha de entenderse, creo yo, como algo que no aporta nada suslancialmente nuevo, pues la información trasmitida se halla demasiado condicionada a lo que ya se sabe en terrenos ajenos a lo que se quiere explicar (por ello, las metáforas ni siquiera son ni pueden ser redundantes, respecto a lo que quieren explicar, sin dejar de ser metáforas propiamente dichas).

Pero, y esto es una cuestión tangencial al libro de Lakoff y Johnson, pero primordial en nuestra investigación, la metáfora nos ofrece algo interesante en relación con los ordenadores: las máquinas (estoy pensando fundamentalmente en los cerebros artificiales digitales) no pueden operar con conceptos metafóricos.

Como señala Alan Paulos:

“Siempre que un pasaje tiene un componente metafórico (…), o cuando se depende de un contexto o un conocimiento de fondo, surgen problemas con los ordenadores!”.

Esta incapacidad de los ordenadores para operar con metáforas tiene que ver, por supuesto, con esa diferencia básica entre sintaxis y semántica que señalaba en un trabajo anterior y que volveré a tratar, supongo, al comentar el texto de Searle.

Sin embargo, en cierto sentido, se podría decir que los ordenadores digitales sólo son capaces de operar metafóricamente, pero a partir de un único modelo isomórfico: para ellos, cualquier información es o bien un 1, o bien un 0, una bombilla apagada o una bombilla encendida. ¿Nos pasa a nosotros lo mismo? ¿Tenemos un modelo

primero al que adaptamos todos nuestros conocimientos posteriores?

Yo creo que no, al, menos no exactamente, pero, no obstante, creo también que quizá en nuestra niñez sí operamos fundamentalmente de manera metafórica, y concebimos el suceso B relacionando su estructura y sus componentes con los de un anterior suceso A, lo que sería tal vez la causa de algunos trastornos o vicios (entendido en el sentido de error inconsciente causado por un hábito, no de actitud insana) psicológicos.

Quizá, aunque ello no tiene una relación directa con lo anterior (o tal vez sí), la aparente necesidad del ser humano de construirse universos simbólicos -para usar un término sociológico) y su facilidad para cambiar su contenido sin variar su estructura (pasar, por ejemplo, del cristianismo al marxismo y de éste al islamismo) tenga mucho que ver con ese aprendizaje metafórico.

Para terminar: el problema al que puede conducir o (al que, posiblemente, ya ha conducido desde hace tiempo) el uso de la metáfora computacional, o cualquier otro tipo de metáfora, es que al final no se intenta explicar el cerebro o la mente en sí, sino la metáfora misma. Como dice Sherlock Holmes:

“Constituye un craso error el teorizar sin poseer datos. Uno empieza de manera insensible a a retorcer los hechos para -acomodarlos a sus hipótesis, en vez de acomodar- las hipótesis a los hechos” .


2 comentarios

  1. fascinante la relacion neurologica recuerda a Campbel la relacion mitos genes

  2. [...] Sobre “Metáforas de la vida cotidiana”, de Lakoff y Johnson, Caracteres. [...]

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