Dice Descartes:
“No podemos dudar de que existimos mientras dudamos; y esto es lo primero que conocemos al filosofar con orden (Principios de filosofía,P. 7).”
Añade:
“Podemos dudar de que hay Dios, de que haya cielo, de que haya cuerpos, de que nosotros no tenemos manos, ni pies, ni cuerpo alguno. Pero no por ello nos convertimos en nada, pues es contradictorio creer que no existe aquello que piensa mientras piensa. Y por tanto, ese conocimiento: “Yo pienso, luego soy”, es el primero y más cierto de todos cuantos se presentan a quien filosofa con orden” (Punto 7).
A mí me parece que esto se contradice precisamente con el Punto 4, cuando se refería al sueño, porque nosotros podemos soñar en una persona que piensa que existe mientras piensa y, sin embargo, esa persona es una persona soñada por nosotros.
Del mismo modo, nosotros podríamos ser soñados por otra persona y esa persona podría soñar que nosotros pensamos que existimos mientras pensamos, etcétera.
Se podría replicar:
_De acuerdo, pero entonces esa persona que sueña es, en definitiva, lo que eres tú. Y si esa persona también es soñada por otra, lo será esa otra, y así sucesivamente. Sea como fuere, siempre hay algo que piensa.
No creo que esta objeción invalide mi razonamiento, porque permite seguir pensando, por ejemplo, que lo único que existe es Dios y que nosotros sólo somos pensamientos de Dios. Pensamientos que Dios puede dejar de tener en cualquier momento, haciéndonos desaparecer.
Del mismo modo, aquí podría ser aplicado el argumento solipsista clásico. De uno un otro modo, lo que parece bastante claro es que el cogito ergo sum no tiene la categoría de principio básico e indiscutible que le atribuye Descartes.
Archivado bajo: filosofía | Etiquetado: Descartes, Dios, Dios como energía, duda, duda cartesiana, Leibniz, Malebranche, pienso luego soy, Principios de la filosofía (1), razón y sentidos, soñador soñado, solipsismo, sueño
Podemos imaginar la siguiente situación:
Descartes es un personaje soñado por Leibniz.
Cuando Leibniz se va a dormir, en su sueño aparece Descartes, que empieza a filosofar y a decir que puesto que piensa, es.
Pero entonces Leibniz se despierta y recuerda el sueño con gran precisión. Se ríe de ese personaje soñado que se cree real.
Un día, Leibniz deja de soñar en Descartes.
Fin de Descartes.
Se dirá: ¡Ah, pero entonces es que Descartes es Leibniz!” Entonces, yo pregunto: ¿Usted es todos los personajes de sus sueños?
Por este camino podemos proponer variantes:
Leibniz sueña con Descartes sólo las noches en que toma una copa de vino Tokay.
El soñado Descartes empieza a sospechar si no será un personaje de sueño.
Un Leibniz soñado le explica a Descartes que los sueños con él se van a acabar.
Descartes está decepcionado y aterrado. “No te preocupes dice Leibniz- seguirás existiendo, porque tú eres yo”
“¡Sacre bleu -exclama Descartes- tú tienes un carácter diferente al mío y lees libros que a mí no me interesan. Si me disuelvo en ti, dejaré de ser yo!”
Lo que también se puede aplicar a quienes piensan que seguirán existiendo en la energía inagotable del cosmos.
Me interesa lo que digo en esta entrada acerca de ser pensamientos de Dios, pues creo que entonces todavía no conocía a Malebranche, quien sostenía precisamente eso.
¿Podría decirse que “pienso luego soy” no es cierto porque dudar de la duda es un límite necesario que alterna por detrás algo?