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Sobre Maquinaria computadora e inteligencia, de A.M.Turing.

Turing rechaza la pregunta “¿Pueden pensar las máquinas?”, porque “carece de sentido”. Creo que es cierto que este tipo de preguntas, que implican esencias, suelen llevar a callejones sin salida lingüísticos. Se ha intentado a menudo definir lo que es pensar o lo que es la inteligencia y, como señala Alen Paulos, los que trabajan en la IA se quejan de que sus detractores acaban diciendo, no siempre explícitamente que pensar es “aquello que no puede hacer un computador” (lo que recuerda la viciosa definición de quienes hacen tests para medir la inteligencia: “la inteligencia es aquello que miden los tests de inteligencia”)

Turing parece anticiparse y precaverse de tal actitud y lo que se pregunta es: ¿Hasta que punto es capaz de simular un ordenador que es un ser humano? Dicho con sus propias palabras: ¿Qué sucede cuando una máquina sustituye al sujeto A en el juego de imitación? Además, Turing limita, de nuevo para huir de discusiones esencialistas acerca del término máquina la participación en su juego a las máquinas digitales, es decir, a aquellas que sólo son capaces de adoptar estados discretos de “todo o nada”.

Insiste también, algo que suelen olvidar sus críticos, en que él no se pregunta si las máquinas actuales (para él, las de 1950) pueden pensar ( nuevo tesis que los detractores de Turing le aplican alegremente: él sólo habla de jugar al juego de imitación), sino si podrán hacerlo (jugar al juego).

No obstante, en la Conclusión discutiré si existe alguna pregunta útil en relación al tema cerebro humano/cerebro artificial.  También hablaré en la Conclusión de la posible definición del término máquina e imitación) a finales de siglo.

Por tanto, no hay que incluir a Turing entre quienes atribuyen inteligencia o intencionalidad a un termostato, por lo que, por ejemplo, críticas como la de Gunderson en su artículo “El Juego de Imitación” (en el mismo volumen que el texto de Turing), están fuera de lugar. Por cierto, este trabajo de Gunderson es realmente endeble, así, por ejemplo, cuando habla de las piedras que simulan pisotones comete un error tras otro, como confundir a las piedras con la caja que las deja caer e introducir caracteres físicos en la discusión, cosa que Turing intenta evitar explícitamente.

Pero donde Gunderson roza lo grotesco es cuando hace decir a Turing en un diálogo jocoso que las máquinas pueden pensar porque pueden jugar al juego de imitación, cuando Turing, precisamente, rechaza la misma cuestión de si las máquinas pueden o no pensar y plantea tan sólo si existe un método no basado en aptitudes o caracteres físicos por el que se pueda desenmascarar a una máquina. En caso de que tal cosa fuese imposible y, además, se lograse construir androides de perfecta apariencia humana, ¿cómo, si no se conociese su origen, podría saberse que una máquina es una máquina o no (sobre esto es muy interesante la novela/película “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”/Blade Runner).

Así pues, Turing no se plantea la cuestión de si existen procesos internos o subjetivos, sino, más bien, si, en caso de existir tales procesos internos, sería posible detectarlos externamente.

Y la respuesta a tal pregunta sólo la puede proporcionar, posiblemente, la experimentación.

Eso es quizá lo que sí se le puede reprochar a Turing, que se basa más en lo que puede imaginar que las máquinas serán capaces de hacer que en experimentos concretos.

Pero, de todos modos, Turing admite que no tiene ningún “argumento positivo bastante convincente” para apoyar su tesis, pero que tampoco le parecen sólidos los que se pueden oponer a la misma. Las objeciones que Turing imagina son las siguientes (para la explicación de cada una remito al texto de Turing):

1 . Objeción teológica. Obviamente, tal tipo de objeción tiene muy poco interés y ni siquiera es sólida teológicamente hablando, como demuestra el mismo Turing.

2. Objeción del avestruz. Yo creo que esta objeción, aunque nunca expresada explícitamente,  como señala el propio Turing, suele impregnar la mayoría de los argumentos en contra de la IA, que parecen fabricados ad hoc para eliminar el miedo a las máquinas. Por eso, creo que lo primero que hay que plantearse al discutir sobre IA es si nuestra investigación no está condicionada de antemano por el deseo de que las máquinas no piensen (por el deseo de evitar que se cumplan los versos de Goethe: “Al final acabamos dependiendo de aquellas criaturas que hemos hecho”).

Personalmente, tales argumentos me recuerdan a los de aquellas que se dejan explotar por gentes de su misma nacionalidad pero que no pueden soportar la idea de que quienes les explotan sean extranjeros (ante una situación de injusticia social absoluta, por ejemplo, a mí me traería sin cuidado si quienes acumulan el dinero son judíos, musulmanes o gentiles: me importaría el hecho en sí).

La verdad es que, por lo menos dado el estado actual de la cuestión, a quienes temen a las máquinas se les podría recomendar lo mismo que a quienes temen a los fantasmas: “No es a los muertos a quienes has de temer, sino a los vivos” (”No es a las máquinas a quienes has de temer, sino a los hambres que las utilizan”).

Para terminar con estas comparaciones e imágenes, que no pretenden introducir argumentos morales, sino mostrar precisamente que éstos no pueden usarse para dilucidar la cuestión planteada por Turing: Alen Paulos vaticina que

“es concebible que con el avance de la inteligencia artificial, los chistes étnicos sean sustituidos por chistes robóticos”(Pienso, luego río, 129).

3. La objeción matemática. Este argumento sí tiene importancia, pero, aunque puede justificarse teóricamente con bastante solidez, sólo podría ser respondido definitivamente a través de la experimentación e investigación (en rigor, sólo se podría demostrar su falsedad, nunca su certeza).

4. Argumento de la conciencia. Este argumento lo he comentado implícitamente en las paginas anteriores.

5. Argumentos basados en incapacidades diversas. Creo que estos argumentos son variantes del argumento de la conciencia, como señala Turing (35), lo que no quiere decir que quiza alguno de ellos sea muy digno de tomarse en cuenta, pese a que, como también destaca Turing, tales argumentos suelen ser inductivos:

“Una persona ve railes de maquinas y , por lo que ve de ellas, concluye que esas son las características de las máquinas en general” (32).

Si ya de por sí la justificación de la inducción suele llevar a una regresión infinita, cuando se trata de construcciones humanas, la validez de los métodos inductivos a posteriori se hace tremendamente problematica. Lo cierto es que, a medida que pasan los años, la cantidad de cosas que se niega a las computadoras se va reduciendo.

El mismo Gunderson ya no incluye la originalidad ni la capacidad de sorprender entre las características específicas de la mente humana (con buen criterio, pues la sorpresa, la originalidad, el que algo sea o no una obra de arte, etc, no son propiedades intrínsecas a la cosa, sino que dependen absolutamente de quien aplica los términos, es decir, no existe la Bondad, la Belleza, etc. como Ideas de un Cielo platónico, sino que existen cosas buenas o cosas bellas y, además, en función de quien las describe así ) .

De seguir este abandono de parcelas ‘humanas’ en favor de los ordenadoires, quizá acabemos descubriendo a las máquinas como al robot Tik Tok de L.Frank Baum:

“Un robot que piensa, habla, actúa y hace todo, excepto vivir”

No obstante, en relación con los argumentos de incapacidades diversas, se me ocuren varias pruebas que plantearían grandes problemas a la máquina simuladora, por ejemplo: Un actor de Stanislavski contaba cómo éste le hizo recitar cuarenta veces la frase “esta noche”, significando en cada ocasión una situación distinta.

Jacobson cuenta cómo ese mismo actor colaboró con él, repitiendo esa frase en ruso cincuenta veces para los estudiantes de Jacobson, que lograron en su mayoría decodificar correctamente la situación que describía la frase en cada una de las cincuenta repeticiones (Roman Jacobson, Ensayos de Lingüística General, 355).

Se me ocurren otras pruebas difíciles para la maquina, pero las dejo para la Conclusión,

6. El argumento de Lady Lovelace. Creo que es también una variante del argumento de la conciencia o de la sintaxis/semántica, aunque Turing parece considerarlo diferente.

7. Argumento de la continuidad del sistema nervioso: Para este argumento, que se basa en la dicotomía analógico/digital obviamente es más relevante la investigación centrada en el sistema nervioso humano (que llevan a cabo, creo, los neurólogos o los neurofisiólogos) que la dirigida a los ordenadores. En todo caso, lo que se discute es si tales características internas podrían ser detectadas externamente, como recuerda el mismo Turing nuevamente.

7. El argumento de la informalidad del comportamiento. Creo que adolece, en relación estrictamente con la tesis de Turing, del mismo “efecto que el anterior: lo importante no es averiguar si las reglas de conducta son reducibles a leyes de comportamiento (en terminología de Turing), sino si eso puede ser detectado por un observador.

8. El argumento de la percepción extrasensorial . Yo, al contrario que Turing (y que tantos físicos contemporáneos), no creo que exista evidencia alguna de fenómenos de percepción extrasensorial (PES o ESP), así que no considero, como Turing, tan sólido este argumento. En caso de que existiesen tales fenómenos PES, cosa bastante difícil de comprobar experimentalmente debido al llamado “efecto timidez”, quizá tampoco servirían para ‘desenmascarar’ a la máquina, aunque cabe dudarlo seriamente en el caso de la clarividencia, la precognición y la psicocinesis (Turing rebate sólo el caso de la telepatía).

Al final de su artículo, Turing trata el tema de la fabricación de máquinas capaces de aprender. Es un tema muy interesante, que no trato aquí para no hacer demasiado largo este comentario; lo trataré en próximos trabajos o en la ya tan mentada Conclusión.

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