Cuando hablamos con personas, suponemos que no estamos ante robots o seres programados, sino que detrás de su comportamiento hay una intencionalidad, o al menos un pensamiento; creemos incluso en ello cuando tratamos con un militar que actúa de la manera más similar a como actuaría un robot bien entrenado: obedece órdenes, sí, pero es de suponer que opinará algo sobre esas órdenes, o al menos sobre la misma necesidad de obedecerlas y cumplirlas.
Es cierto, sin embargo, que cada persona suele percibir su propio comportamiento como plenamente libre y voluntario, mientras que considera el comportamiento de los demás como determinado en gran parte; así, algunos historiadores marxistas califican a los sujetos sociales como entes cuyo comportamiento está determinado por factores económicos e históricos, pero no parecen englobar en tal calificación la propia labor interpretativa que ellos realizan (ello les llevaría a un círculo vicioso que pondría en cuestión el carácter científico del propio marxismo). Sin embargo, esta es una cuestión que tiene que ver con nuestro argumento, pero que se relaciona mucho más con la sociología, la historia, la economía y otras ciencias afines o subalternas, como la estadística.
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