En una ocasión pensé escribir un cuento en el que se aceptaba como posible la herencia de los caracteres adquiridos, recuperando las ideas del evolucionismo lamarckiano, hasta el punto de que si alguien perdía una pierna y luego tenía un hijo, su hijo nacía sin esa pierna. Años más tarde pensé otro argumento similar: los hijos heredaban la memoria de sus padres, de tal modo que padre e hijo compartían los recuerdos del padre hasta el momento de la concepción de su hijo.
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Escribí poco después uno de esos cuentos, o los dos, o uno me que mezclaba ambas ideas: La memoria de los siglos, que está incluido en Antología del futuro.