Un interesante prólogo de Félix de Azúa, aunque no comparto algunas de sus ideas y, en ocasiones, su manera de exponerlas.
La conversación entre Diderot y el sobrino de Rameau es muy larga, en efecto, pero no desmesuradamente larga, como opina Azúa. Yo he mantenido conversaciones tan o más largas, cierto que en contadas ocasiones. Con JT, con MM o con MA, por ejemplo.
No parece correcto el planteamiento de Rameau, compartido por pasiva por Diderot, de la muerte de Sócrates: si éste murió no fue por “despreciar una ley injusta”, sino por aceptarla, aun cuando lo fuese.
Me gustó adivinar cómo se las arregló Bouret para que su perro amase al señor d’Arnouville, aunque era bastante fácil (71).
Rameau (¿el sobrino?) dice algo que también dice Casanova (éste lo tomó de algún latino): “más vale escribir grandes cosas que protagonizar pequeñeces”.
Casanova, citando a un antiguo: “Si no has realizado cosas dignas de escribir, escribe, al menos, cosas dignas de leerse”.
Es muy interesante el beneficio que Rameau saca del teatro (79): leyéndolo y atendiendo a los caracteres no virtuosos (El avaro, Tartufo), aprende no a evitar esos vicios, sino a poseerlos sin que sean advertidos. Aprende a evitar actuar como esos personajes negativos, aunque comparta sus defectos.
Probablemente tenga razón Rameau cuando dice que lo que más impresiona es la unidad de carácter: si uno es malvado, ha de ser un malvado sublime, un criminal grandioso. No digo yo que haya que hacerlo, tan sólo que es lo “más apreciado”.
Concluye Rameau que “por lo general, la grandeza de alma es el resultado de un equilibrio natural entre varias cualidades opuestas (94)”.
Da también Rameau esta definición del canto: “El canto es una imitación de los ruidos físicos o los acentos de la pasión, mediante el uso de los sonidos de una escala (inventada por el Arte o inspirada por la Naturaleza, da lo mismo), reproducidos por la voz humana o los instrumentos musicales (98)”. Esta definición, añade Rameau, es aplicable a la pintura, la elocuencia, la escultura y la poesía, “cambiando lo que hay que cambiar” (98).
Sería interesante fotocopiar y unir los fragmentos de teoría musical de Rameau. En estas páginas hay una disquisición muy elegante (98ss).
Buen sentido hay en estas palabras de Rameau:
“El dios extranjero se coloca humildemente al lado del ídolo del país; poco a poco se consolida; un buen día empuja con el codo a su colega; y catapún, el ídolo se viene abajo. Se dice que los jesuitas introdujeron el cristianismo en China e India mediante este sistema. Y a pesar de lo que opinen los jansenistas, esa táctica política, que camina hacia su meta sin hacer ruído, sin efusión de sangre, sin mártires, sin arrancar caballeras, me parece la mejor” (103).
Shibata, en su prólogo o epílogo al libro de Musashi, cuenta cómo ese método fue descubierto por los japoneses, cerrando por ello sus fronteras a la religión cristiana y a casi todo el comercio. No voy a contar aquí la historia, pues ya la he resumido en otra parte.
Me gustó especialmente lo que opina Rameau de la prosodia (109ss), porque muestra con toda nitidez las limitaciones de gentes como LL, adalides pedantescos de una métrica procustriana que no sabe contar los silencios, las razones de la situación dramática y la pasión del que declama. Lo fotocopiaré y añadiré al final de este texto. También 121.
De las notas:
23: Al aceptar Rameau que se discute sobre lo que hay, y no sobre lo que podría haber, se ve obligado a aceptar consecuentemente que la crítica de todo lo que hay incluye al que la ejerce. Negar el orden existente equivale a negar a quien existe en ese orden… Lo que parece el principio antrópico a la negativa.
En la nota 35 se habla de Bergier, el autor del Diccionario Teológico, que tan buenos momentos me deparó en la calle Infantas. Comencé una polémica con él que quedó interrumpida. Ignoraba yo entonces que al atacar a Bergier defendía a Holbach (a quien no conocía entonces, si no fuera por alguna referencia ocasional del propio Bergier).
Hay un tal François-Thomas de Baculard d’Arnaud que parece interesante (n.68).
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