AutobiografÃa de Darwin, escrita para sus hijos. El autor se muestra contenido y ecuánime en sus opiniones acerca de los demás y de sà mismo, y parece revelar una integridad que otras veces he visto en los cientÃficos, al juzgar el valor de su obra y sus méritos.
“Durante mi último año, leà con atención y profundo interés Personal Narrative (Relato Ãntimo) de Humboldt. Esta obra y la Introduction to the study of natural philosophy de sir J.Herschel suscitaron en mà un ardiente deseo de aportar aunque fuera la más humilde contribución a la noble estructura de la ciencia natural” (36)
La esclavitud
“Tuvimos varias disputas (con Fitz Roy en el Beagle), por ejemplo, en una ocasión…en que él defendió y alabó la esclavitud, cosa que yo abominaba” (42)
Hace una crÃtica muy dura de Carlyle cuyas opiniones sobre la esclavitud “eran repugnantes” (60)
Recomienda mucho Principios de GeologÃa, de Lyell (43 y), quien parece un tipo interesante:
“TenÃa muy buen corazón y era enteramente liberal en sus creencias; aún asà era firmemente teÃsta. Su candidez era muy notable. La pone de manifiesto el hecho de que aceptara la teorÃa de la evolución, siendo asà que se habÃa hecho famoso por su oposición a las opiniones de Lamarck; y eso, cuando ya era anciano”. Me recordó que hacÃa muchos años, cuando discutÃamos sobre la oposición de la vieja escuela de geólogos a sus nuevos criterios, yo le habÃa dicho: “qué bueno si todos los cientÃficos murieran a los sesenta años, ya que después es seguro que rechazarÃan toda nueva doctrina” (54).
“Yo me habÃa pronunciado en favor de la acción del mar (en una rada) porque de acuerdo con el nivel de nuestros conocimientos en aquellos tiempos, no era posible ninguna otra explicación; y mi error fue una buena lección que me enseñó a no confiar jamás en el principio de exclusión en el terreno cientÃfico” (51) (la teorÃa correcta serÃa la de los lagos glaciares de Agassiz).
Como libros favoritos y de viaje tenÃa La excursión, de Coleridge y El ParaÃso perdido de Milton (51)
Darwin desarrolló trabajos puramente teóricos y deductivos, como el de los arrecifes coralinos, que fue concebido “antes de haber visto un verdadero arrecife de coral” (52), pero también en el más puro espÃritu baconiano: “trabajé sobre verdaderos principios baconianos y, sin ninguna teorÃa, empecé a recoger datos en grandes cantidades, especialmente en relación con productos domesticados, a través de estudios publicados, de conversaciones con expertos ganaderos y jardineros y de abundantes lecturas” (66).
Su resumen del asunto de la prioridad con Wallace es muy sincero, admitiendo que el ensayo de aquél contenÃa “una teorÃa exactamente igual a la mÃa” (68).
“Durante muchos años he seguido también una regla de oro, a saber, que siempre que me topaba con un dato publicado, una nueva observación o idea que fuera opuesta a mis resultados generales, la anotaba sin falta y enseguida, pues me habÃa dado cuenta por experiencia de que tales datos e ideas eran más propensos a escapárseme rápidamente de la memoria que los favorables” (70s).
Le parece maravillosa la obra de C.K.Sprengel El secreto de la naturaleza descubierto (74s).
Le parece admirable una obra de G.Bell sobre las expresiones.
Es beneficioso demorar la publicación de un libro pues “tras un largo intervalo, una persona puede criticar su propia obra casi tan bien como si fuera de otro” (80).
Se lamenta Darwin de su pérdida de sensibilidad estética: “esta curiosa y lamentable pérdida de los más elevados gustos estéticos es de lo más extraño, pues los libros de historia, biografÃas, viajes (independientemente de los datos cientÃficos que puedan contener) y los ensayos sobre todo tiopo de materias me siguen interesando igual que antes. Mi mente parece haberse convertido en una máquina que elabora leyes generales a partir de enormes cantidades de datos; pero lo que no puedo concebir es por qué esto ha ocasionado únicamente la atrofia de aquellas partes del cerebro de la que dependen las aficiones más elevadas. Supongo que una persona de mente mejor organizada o constituida que la mÃa no habrÃa padecido esto, y si tuviera que vivir de nuevo mi vida, me impondrÃa la obligación de leer algo de poesÃa y escuchar algo de música por lo menos una vez a la semana, pues tal vez de este modo se mantendrÃa activa por el uso de la parte de mi cerebro ahora atrofiada. La pérdida de estas aficiones supone una merma de felicidad y puede ser perjudicial para el intelecto, y más probablemente para el carácter moral, pues debilita el lado emotivo de nuestra naturaleza” (87).Â
Comentario en LA insensibilización
La memoria de Darwin se asemeja a la mÃa: “mi memoria es amplia pero poco clara: sólo basta para alertarme, advirtiéndome vagamente cuando observo o leo algo que se opone a la conclusión a la que estoy llegando, o, por el contrario, algo que la favorece, y generalmente después de cierto tiempo puedo recordar dónde he de buscar mi fuente. En un determinado aspecto mi memoria es tan mala que nunca he sido capaz de retener una sola fecha o un verso durante más de unos pocos dÃas” (88)
“Continuamente me he esforzado por mantener libre mi mente a fin de renunciar a cualquier hipótesis, por querida que fuera, en cuanto que se demostrara que los hechos se oponÃan a ella (y no puedo evitar formarme una respecto de cada tema)… Por otra parte, no soy muy escéptico -condición intelectual que creo perjudicial para el progreso de la ciencia. Es aconsejable un cierto escepticismo en un cientÃfico para evitar mucha pérdida de tiempo, pero me he encontrado con no pocas personas a las que estoy seguro que este escepticismo ha impedido llevar a cabo experimentos u observaciones que hubieran resultado directa o indirectamente útiles” (90).
Comentario en  Las teorÃas como prejuicio
Charles Darwin: AutobiografÃa
ALIANZA CIEN, MADRID:1993
pq1993aq1995
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Este mes se publicará La autobiografÃa de Darwin, sin censurar, para conmemorar el bicentenario de su nacimiento.
http://lamazarcuta.blogspot.com/2009/01/la-autobiografa-de-darwin-sin-censurar.html
Una obra que nos acerca a las facetas más personales del célebre naturalista.