Vino MM a casa (SB) el día 8 de marzo. Quería que le ayudase en algunas cuestiones filosóficas (especialmente el sueño) para un trabajo que quería hacer sobre filosofía azteca. No creo que lo que le dije le sirviera de mucha ayuda. Al final nos enzarzamos en una discusión en la que él defendió la contextualización y a mí me tocó convertirme en un acontextualista feroz, cosa que no soy. El meollo del asunto era si las acciones crueles eran más o menos crueles dependiendo del contexto.
¿Matar a un hombre es un acto menos malo si lo comete un campesino explotado o si lo comete un nazi? En esto ambos podíamos estar de acuerdo: es menos culpable el campesino. Quizá incluso yo estaba muy de acuerdo con su postura y me dejé llevar por el ardor de la discusión.
El problema es que me pareció que bordeaba aquello de “comprenderlo todo es justificarlo todo”, aunque él decía que no pensaba exactamente tal cosa.
En cualquier caso, lo que yo quería expresar, y sin duda no lo conseguí hacer con claridad, es que, ante el espectáculo de la crueldad, de la tortura, a mí lo que me turbaba era el horror puro de esos actos, y me parecía casuística vana el ponerme a pensar cuan justificados estaban esos actos. Cuando el horror sobrepasa todos los límites, cuando la reacción se convierte en acción, me resulta difícil empezar a a buscar las razones que hacen comprensible y/o justificable ese acto. Cuando se empiezan a buscar razones a la tortura, se acaba justificándola. Así lo han hecho muchos teóricos, cada uno salvando la tortura que se adapta a sus ideales.
En cuanto al contextualismo selectivo, que considera que los sacrificios aztecas son más comprensibles porque aquellos consideraban que así evitaban el colapso del Sol, no los entiendo. Si son aplicables a los aztecas, también lo son a los Inquisidores, que salvaban el alma de los condenados y contribuían a salvar a la humanidad. Y a los nazis.
Por otra parte, sólo diré brevemente que desde que ha entrado en la Universidad, MM se ha endurecido por medio de la teorización, que sigue unas ideas cientifistas simples, de aristas duras, y que le falta la sensibilidad y el matiz que proporcionan la literatura, la poesía y el teatro. Su carácter intelectual se torna adusto, lineal y un punto dogmático. Espero que sólo sea una fiebre transitoria.
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Efectivamente, fue una fiebre transitoria. Hace unos días, precisamente, MM me contó los peligros que encierra la Universidad, en la linea de los que he señalado. Y ahora está adquiriendo a una velocidad impresionante esa sensibilidad literario-poética. Por otra parte, en cuanto al asunto de la violencia, sobre el que discutimos más de una vez, a su regreso de México me dijo que su actitud había cambiado y ahora veía el peligro de justificar de una u otra manera la violencia.
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