En su libro El gen egoísta, Dawkins acaba retractándose de algunas ideas sobre política que a mí me parecieron reaccionarias (en relación con la falta de coooperación de los sindicatos con el recién elegido gobierno laborista).
Después del triunfo de los conservadores, Dawkins advierte su error. Es un error posiblemente provocado por la fidelidad al partido votado, cosa que es común y lamentable: el triunfo de tu partido hace que lo que ayer era justo y de sentido común se convierta en insolidario. La verdad es que es tremendo ver cómo las personas de partido van cambiando sus ideas según la música que tocan desde arriba, como sucede con los que respaldan el statu quo, hasta el punto de que llegan a creer que lo que piensan es un inevitable resultado de la observación de los hechos, y no una ideología entre muchas otras existentes o posibles.
El que está de acuerdo con lo que hay piensa que no tiene ideología y considera anacrónico lo que la ideología imperante, que sí existe, califica como anacrónico, ya sea, en el caso de España, la ideología franquista o la de la democracia.
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