En su biografía, Feyerabend admite que el propio Popper era el primero en distinguir, durante sus clases, entre
“la práctica de la ciencia y las normas de la excelencia científica… y afirmaba que la epistemología sólo se ocupaba de la segunda” (1995:89)”.
Parece, entonces, que Feyerabend está proponiendo un falso problema, puesto que el propio Popper reconoce que no es su intención decir cómo es la ciencia, sino definir las normas de esa ‘excelencia científica’.
Sin embargo, Feyerabend continúa recordando aquellas clases de Popper y cómo éste venía a considerar que “el mundo de la ciencia y del conocimiento en general deba adaptarse al mapa y no al revés (1995:89s)”.
Con esto queda claro que la propuesta de Popper apunta a la ciencia misma: no se ocupa de cómo es [o cómo ha sido] la ciencia, sino de cómo debería ser.
Feyerabend se opone a este planteamiento y defiende lo contrario: el mapa debe adaptarse al territorio, al mundo de la ciencia real, y no a la inversa.
Feyerabend encuentra apoyos de gran peso en favor de su punto de vista: así, Ernst Mach decía que
“los esquemas de la lógica formal y de la lógica inductiva tienen poca utilidad [para los científicos], porque la situación intelectual jamás es exactamente la misma; pero los ejemplos de los grandes científicos son muy instructivos (1987:105)”.
El propio Einstein opinaba:
“las condiciones externas establecidas (para el científico) por los hechos de la experiencia no le permiten limitarse él mismo demasiado en la construcción de su mundo conceptual al adherirse a un sistema epistemológico. Por esto, para un epistemólogo sistemático, el científico aparecerá como un oportunista sin escrúpulos (1987:106)”.
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