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Las polémicas de la filosofía de la ciencia

Vistas desde el presente, las polémicas entre Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend resultan bastante curiosas, pues todos, en líneas generales, admiten las mismas cosas y sólo divergen en la idea-fetiche de cada uno, que intentan absolutizar:

inconmensurabilidad,

falsación,

programas de investigación,

pluralismo téorico.

Aunque cada uno de ellos ataca las ideas de sus rivales de modo enconado, en otros pasajes sostienen concepciones semejantes, si no idénticas, y a veces se da el caso de que un pensador, al atacar las propuestas que sostiene su rival, apunta contra ideas que él mismo sostuvo.

Es de suponer que todo esto se debe a que, después de la Segunda Guerra Mundial, no había un rival más temible con el que tuvieran que luchar los filósofos de la ciencia, y ello llevo a convertir cuestiones de detalle en el centro de la discusión.
La verdadera divergencia entre Feyerabend y Kuhn, Lakatos y Popper no se basa tanto en averiguar si hay un método científico o no, si los investigadores siguen programas de investigación racionales, si hay en la ciencia períodos normales y revolucionarios o si las teorías científicas deben ser falsables. Lo que interesa verdaderamente a Feyerabend es denunciar la para él peligrosa tendencia de la ciencia a convertirse en una iglesia, el dogmatismo cientifista, la apelación a la Razón como a una Autoridad a la antigua usanza, una Razón abstracta e instrumentalizada, puesto que él mismo declara en su autobiografla que “nunca he ‘denigrado de la razón’, cualquiera que sea el significado de estos términos, sólo de algunas versiones petrificadas y tiránicas de ella (1995:129)”.

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