Se puede observar una cierta contradicción entre la defensa del relativismo de Feyerabend y su crítica de la idea kuhniana de la independencia de los paradigmas.
Así, después de haber proporcionado aquellos ejemplos de teorías supuestamente inconmensurables que no lo son (las ‘metafísicas’ de Einstein y Bohr) dice cosas como:
“La ciencia aristotélica tiene que medirse con patrones aristotélicos y la cuestión entonces es si sus resultados y normas deben preferirse o no a los resultados de las ciencias empíricas (1985:57)
Eso es algo que, en mi opinión, es una mera boutade o una simpleza, pues la vara de medir, el instrumento comparador, no pueden ser las propias teorías enfrentadas, sino los problemas a los que estas intentan responder.
El propio Aristóteles nunca pretendió aplicar tan peculiar método, sino que siempre, ante cada problema particular, recuerda las respuestas de sus predecesores y contemporáneos y compara las soluciones que dan unos y otros, mostrando dónde aquellos fallan y él acierta.
Otra cosa, pero que es tan evidente que resulta ridículo siquiera plantear seriamente el asunto, es si algo como la escuela del método de Stanislavsky es inconmensurable con la descripción del átomo de Bohr.
Por supuesto que lo es, puesto que se ocupan de cosas distintas (la comparación si sería posible si se intentase determinar si es mejor para la salud mental de una persona estudiar en la escuela de Stanislavsky o en Los Álamos).
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