La barbarie del especialismo según Feyerabend
En opinión de Feyerabend, los científicos que se atienen a reglas dificultan más que ayudan al progreso de la ciencia. Su posición es en ciertos aspectos coincidente con la que expresaba Ortega y Gasset al hablar de la barbarie del especialismo. Así, para Feyerabend no hay nada peor, para la verdadera ciencia, que los expertos:
“Tengo una gran opinión de la ciencia, pero muy pobre de los expertos, aunque actualmente ellos determinen la ciencia en un 95 por 100. Creo que son diletantes los que han sacado y todavía hoy sacan adelante a la ciencia y creo también que los expertos sólo consiguen paralizarla (1985:31)”.
Para Feyerabend, convertirse en un especialista supone una limitación inevitable del campo de visión, que lleva a caer en simplificaciones y reduccionismos, nacidos de la ignorancia de quien vive en una casa en la que se han tapiado todas las ventanas:
“Considero expertos a aquellos hombres y mujeres que han decidido llegar alto, muy alto, en un ámbito delimitado, a costa de un desarrollo equilibrado. El experto ha resuelto someterse a determinadas normas que le limitan de múltiples formas -incluyendo su estilo y su manera peculiar de hablar- y está dispuesto a dirigir la mayor parte de su vida consciente de acuerdo con estas normas (1985:32).
La consecuencia de esta especialización es la adopción de una jerga científica incomprensible que en vez de ayudar a pensar lo impide. Así, recuerda con admiración la manera de expresarse de Galileo y sus contemporáneos:
“He observado, he visto, estaba sorprendido; ésta es la manera en que uno se dirige a un amigo o en todo caso a un ser humano vivo (1985:34s)”.
Por contra, el lenguaje de los expertos,
“levanta un muro entre el escritor y su lector, y no por falta de conocimiento, no porque no se sepa quién es el lector, sino simplemente para formular aserciones que estén de acuerdo con un determinado ideal de objetividad profesional. Y es este idioma feo y desarticulado el que aparece por doquier y asume las funciones de las descripciones más claras y sencillas (1985:36)”.
Se puede, en apoyo del punto de vista de Feyerabend, mencionar un ejemplo estupendo de un científico que percibe la tergiversación que supone la manera de expresarse científica, y rectifica. Se trata del investigador del cerebro Michael Gazzaniga, quien en su fascinante libro El cerebro social comienza diciendo:
“Cuento la historia cronológicamente, tal como ocurrió. Sin embargo, mi primer borrador no lo escribí de esa forma. En él incurrí en la habitual postura científica de describir y explicar formalmente una idea, siguiendo un orden que implicaba que la interpretación teórica propuesta estaba elaborada de antemano en la mente, que después se realizaron los experimentos pertinentes, para finalmente presentar los resultados al mundo como un producto inexorable de la fría lógica. Son muy pocos, desde luego, los conocimientos humanos que surgen de esa forma, aunque la mayor parte de las descripciones de las odiseas científicas hagan creer al lector que la ‘investigación siempre avanza de forma lógica (Gazzaniga:11)”
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excelente muy buen comentario