En cuanto al problema de lo infinito, Descartes, en Los principios de la filosofía, lo sustituye por el de lo indefinido y afirma que la materia es indefinidamente divisible y las estrellas en número indefinido (§26). La razón de no llamar a estas cosas infinitas es que lo infinito debemos reservarlo para Dios, considerando las demás cosas que nos parecen infinitas como indefinidas, porque si tienen limites no podemos encontrarlos <§27).
Las causas finales quedan también fuera de nuestra capacidad, por lo que hemos de limitarnos a las eficientes.
Aquí vuelve a darse plena coincidencia entre Descartes y Bacon, pues este, tras plantearse también el problema del infinito, concluye acto seguido que hemos de renunciar a las causas finales, “causas que existen más en nuestra mente que en la realidad, y cuyo estudio ha corrompido de rara manera la filosofía” (Novum Organum §48).
aq2000
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