Al ataque (Discusión)

  Sí, ha llegado la hora, no de atacar, sino de contraatacar. Dejamos que los piratas se acercaran peligrosamente al barco confiando en los vientos favorables, pero hemos entrado en el mar de los Sargazos y la calma chicha nos ha detenido en aguas muertas. Los piratas han lanzado escalas y garfios y se han lanzado el abordaje. Caminan por el puente de mando ufanos de su fuerza, confiados en hacerse con al nave. Pero todavía no nos han arrojado al mar y algunos nos hemos decidido a enfrentarnos a los feroces bucaneros antes de que hundan el barco y a nosotros con él.

Creo que ha llegado el momento de  discutir unas cuantas cosas que no me gustan y que ahora voy a enumerar aquí con mucha rapidez. Sé que discutir algunos de estos asuntos me puede traer problemas no con mis enemigos, no con los piratas, sino con la propia tripulación, que quizá preferiría degollar a los bucaneros en vez de negociar con ellos: “Son asesinos”.

Voy a decir a qué me refiero, unas cuantas cosas que vienen molestándome y que me molestan más desde el momento en que constato que parece que el raro soy yo por pensar lo contrario. Como en la fábula de Poe, los locos se han hecho con el manicomio.

Uno: todas esas tonterías acerca de si hombres y mujeres son diferentes, todos esos clichés de hombres que no entienden a las mujeres y de mujeres que no entienden a los hombres, de mujeres que no saben leer planos y hombres que no saben hacer dos cosas a la vez, de hombres que son de Marte y mujeres que son de Venus. Voy a defender que hombres y mujeres somos básicamente iguales, ahí es nada.

Dos: que la política no consiste solo en hacer manifestaciones, insultar a los políticos de derechas, burlarse de sus madres, de sus bigotes o de sus acentos, firmar manifiestos, etcétera. No voy a atacar todas esas cosas (pero sí algunas), pero sí voy a intentar mostrar que política se hace también de otras maneras menos aparentemente políticas, pero quizá más efectivas,. Entre otras cosas, voy a defender a los hippies frente a los progres y voy a afirmar que ayuda más a la humanidad quien escribe un poema de amor que quien queriendo salvarla elogia a personas como Castro, Lenin, Sartre, el Che Guevara o el Subcomandante Marcos. Toma ya.

Tres: que los homosexuales se están convirtiendo hoy en día en personas tan represivas e intolerantes como lo han sido tradicionalmente los heterosexuales. Que ahora encuentras casi a más gente cerrada y conservadora entre los homos que entre los heteros. Y que parece que uno se puede comportar como un cretino, en concreto como una cretina de los años 50, si es homosexual: decir simplezas una tras otra, pasarse el rato cotilleando, ser supermalvada e insultante. En definitiva, que voy a defender que lo único razonable, sensato y decente es ser bisexual (si es que uno ha de ser algo).

Cuatro: que uno no es un tipo raro, tiquismiquis, meapilas, buenazo, angelote, ingenuo, pichafloja o lo que sea por no gustarle poner a parir a los demás a lo largo del día. Que aburrirse con una conversación que gira en torno a los defectos ajenos no es la postura de un  elitista inmaculado que no se mezcla con el mal del mundo, sino una elección legítima de la manera en la que se quiere vivir y, además, la más razonable.

Quinto: ¡Atención, que esto es fuerte! Que en la mejora de la humanidad en los últimos doscientos años, desde 1789 hasta ahora, la llamada izquierda ha hecho tanto bien y tanto daño como la llamada derecha y que estaría encantado de poder encontrar una tercera vía que me librase de elegir entre la derecha (que nunca me ha tentado) o una izquierda que tiene poco de que presumir y mucho de que arrepentirse, pero que como sé que las terceras vías acaban siempre siendo de derechas, no sé qué hacer, como un católico honrado que no sabe a dónde mirar para no ver la sangre que se ha derramado en su nombre. Pero que hay que dejarse ya de zarandajas y llamar criminal al criminal, sin más excusas románticas para decir que no es sangre, sino salsa ketchup lo que todo el mundo ve.  Y, por supuesto, quien denuncia todas estas cosas, es decir en este caso yo, NO ES POR ELLO DE DERECHAS, sino que son los otros los que NO SON DE IZQUIERDAS.

De pronto, al llegar a esta línea, me he dado cuenta de que el título original de esta sección  (¡Al ataque!) suena un  poco bélico y puesto que a mí no me gusta nada lo militar, sobre todo las ropas militares que se ponen los antimilitaristas y los comandantes y subcomandantes, he cambiado lo de ¡Al ataque!, y lo he llamado Discusión, que tiene menos gracia pero también menos connotaciones desagradables.

He medido mucho mis afirmaciones en esta declaración de hostilidades para no verme después comprometido a defender después argumentos dudosos. Pero prometo ser mucho más arriesgado en los textos concretos y a veces, por ello, cometeré más de un error.  Ya habrá tiempo para corregir. Escribo, como quien dice, de corrido, como quien habla  en una conversación más o menos acalorada.

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