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Aprende y échate a dormir

Hace unos días leí que en una investigación realizada recientemente  se concluía que el aprendizaje mejora si se duerme. Es decir, que tras aprender algo, la mejor manera de fijarlo en la memoria es dormir.

Mi teoría personal es que, no sólo durmiendo, sino también cambiando de tema se favorece la fijación de esos conocimientos: que lo importante es cambiar de asunto.

No comparto esa idea de que, si uno se lo propone, se puede trabajar durante horas y horas sin bajar el rendimiento. Yo creo que, a partir de cierto momento, uno ya no puede mantener la concentración: más o menos a partir de tres cuartos de hora o una hora. Naturalmente, puede seguir, pero su rendimiento decrece de manera alarmante. Yo he trabajado 24 horas seguidas para hacer un programa entero de televisión, pero soy claramente consciente de que ese mismo trabajo me habría llevado no más de ocho horas si hubiese estado descansado. A partir de cierto tiempo se pierde cuatro veces más tiempo del que se emplea con utilidad. Lo que sucede es que quienes creen en eso de trabajar sin descanso no se observan a sí mismos y no ven el pavoroso descenso de su rendimiento cuando empieza a aparecer el cansancio.

Es como aquello de Unamuno y un alumno:

-Usted, ¿cuánto duerme, maestro?

-Diez horas.

- ¿Y no le parece una pérdida de tiempo desperdiciar tantas horas, maestro?. Yo prefiero dormir sólo cinco y estar despierto 19 horas.

-Sí, joven, pero la diferencia es que yo duermo durante diez horas y cuando estoy despierto estoy completamente despierto, mientras que usted parece medio dormido las veinticuatro horas del día.

Yo pienso como Unamuno, pero duermo, o lo intento, como el alumno. O a la inversa: duermo como el alumno, pero intento estar tan despierto como Unamuno.

En fin, comentaba ese descubrimiento de lo beneficioso que es el sueño para aprender, y de lo bueno que es distraerse de una cosa, sacarla de la memoria inmediata para poder hacerla mejor. Stephen King dice algo parecido (ya lo comentaré), pero he encontrado también una cosa relacionada con esto en los Agradecimientos del traductor de unos cuentos chinos de la dinastía Tang que estoy leyendo: “… a la Morilla, por haberme convencido suavemente de que para traducir mejor, lo mejor no es traducir, traducir y nada más que traducir.”

Quizá todo esto tenga que ver con eso que decía AA:

“–Estoy aprendiendo a escribir guiones.

–Ah sí, ¿y qué haces? ¿Vas a un curso?

–No, voy a lugares en los que nunca he estado, hablo con desconocidos, paseo, hago el amor con extraños, bailo.”

Ella lo dice mejor, pero lo cito de memoria.

 

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