Don Quijote y los pedantes
El prólogo de Cervantes a Don Quijote es una verdadera delicia. En él se parodia los prólogos al uso en los que se incluían todo tipo de recomendaciones por parte de gente célebre: literatos, condes y duques, amigos del autor o expertos en la materia:
“Sólo quisiera dártelo monda y desnudo, sin el ornato de prólogo, ni de la innumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, aunque me costó algún trabajo componerlo, ninguno tuve por mayor que hacer esta prefación que vas leyendo.”
Es algo parecido a lo que se hace hoy en día en la contraportada de muchos libros, especialmente los de Estados Unidos, en los que siempre hay frases como:
“Un libro imprescindible para cualquier interesado en la historia del requesón” (Peter Larre, Los Angeles Times)
“John Smith es el gurú de los equilibristas sobre longaniza y su libro es la Biblia en la materia” (Brandan Fraser, The New York Times)
“Mi vida cambió después de leer Cómo montárselo con un hamster (Jane Fanda).
Es también semejante a lo que sucede con la colección amarilla de Anagrama, en la que absolutamente todos los libros que publican son “la mejor novela en décadas”.
Así que Cervantes, cuenta en su prólogo que está un poco avergonzado porque no tiene conocidos de importancia que puedan avalar su libro con sus sonetos y recomendaciones.
Tampoco tiene su Don Quijote citas de autores célebres:
“…sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos…”
Pero un amigo le dice que no debe preocuparse porque eso se puede solucionar fácilmente. Y le da unos buenos y divertidos consejos que puedes leer tú mismo.
En cuanto a los sonetos y recomendaciones, en muchos libros los escribían expertos en la materia, por ejemplo, grandes estrategos o militares si era un libro acerca de la guerra, o teólogos y religiosos si era un libro acerca de Jesucristo. Así que en el Quijote, que trata de caballeros andantes, lo razonable es que sean gentes de esa profesión quienes escriban los sonetos. Y así Cervantes ofrece una ristra de sonetos escritos por Amadis de Gaula, Don Belianís de Grecia y Orlando Furioso dirigidos a Don Quijote. Pero también se incluyen dedicatorias de célebres escuderos destinados a Sancho Panza, o de doncellas que se dirigen a Dulcinea del Toboso. Incluso hay versos elogiosos escritos por caballos célebres y dedicados a Rocinante, como éste que es célebre por la frase de la metafísica y el hambre:
Diálogo entre Babieca y Rocinante
SONETO
B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?
R. Porque nunca se come, y se trabaja.
B. Pues ¿qué es de la cebada y de la paja?
R. No me deja mi amo ni un bocado.
B. Anda, señor, que estáis muy mal criado,
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja.
R. Asno se es de la cuna a la mortaja.
¿Queréislo ver? Miraldo enamorado.
B. ¿Es necedad amar?
-R. No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis.
-R. Es que no como.
B. Quejaos del escudero.
-R. No es bastante.
¿Cómo me he de quejar en mi dolencia, si el amo y Escudero o mayordomo son tan rocines como Rocinante?
Publicado en Intruso: Don Quijote y los pedantes, 7 de marzo de 2005
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