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Rozenzweig y Yehuda Ha Levi

 Rosenzweig no cita a David de Dinant en El nuevo pensamiento, pero sí cita a otro filósofo que también me gusta mucho, sobre todo en su concepción del tiempo y en sus argumentos acerca del libre albedrío: Yehuda Ha Levi.

Ha Levi fue un filósofo y poeta judío que quizá es uno de los pocos que casi hizo razonable la presciencia de Dios y el libre albredrío del ser humano. No recuerdo ahora con precisión el complejo argumentar de Ha Levi, pero, tal vez deformándolo un poco o tal vez inventándome yo otro argumento que a primera vista no me parece malo, podría decirse:

“Dios conoce el futuro. Esto significa que sabe qué harán los seres humanos. Eso implica que entonces los seres humanos no pueden decidir verdaderamente qué hacer, porque en ningún caso podrán contravenir ese futuro ya previsto por Dios: no pueden hacer otra cosa que aquello que, desde la eternidad, Dios sabe, que harán. Así pues, la presciencia (conocimiento del pasado, presente y futuro) de Dios es incompatible con el libre arbitrio.

Sin embargo, podemos imaginar una comparación: una madre ve a su hijo colérico y sabe que eso le hará tirar la taza que tiene en la mano, pero que después se aplacará y deseará el consuelo y el cariño materno. La madre sabe que sucederá eso porque conoce a su hijo; la observación de lo que está sucediendo le hace prever fácilmente el resultado de las acciones de ese niño. Sin embargo, el niño no actuará cumpliendo los designios de su madre, sino siguiendo su propio y libre arbitrio que es, eso sí, fácilmente previsible para una madre inteligente”.

Eso es lo mismo que hace Dios con los seres humanos, pero multiplicando el conocimiento de la madre hasta el infinito, lo que hace fácil saber el comportamiento que tendremos: somos criaturas tan previsibles para Dios como un niño colérico para su madre.

No recuerdo si por aquí iban los argumentos de Ha Levi, aunque se parecen también a los de Leibniz y su teoría de los mundos posibles.

Leibniz decía (creo que en su polémica con Arnauld), que el sujeto “Cesar” y el predicado “cruzar el Rubicón” están asociados desde la eternidad y que no puede suceder otra cosa distinta a Cesar cruzando el Rubicón, pero eso no significa que César no dude acerca de si debe o no dar ese paso sin retorno: “Alea jacta est” (la suerte está echada). Me atrevería a decir que Leibniz conocía a Halevi, pero tengo que comprobarlo.

 

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