H.G:Wells mostró en El nuevo acelerador que si percibiésemos a distinta velocidad el universo podría resultarnos muy diferente. Ahora podemos entender lo que Wells anticipaba gracias a las cámaras que reproducen la realidad a altas y a bajas velocidades.
Podemos ver en unos segundos una acción que duró tres horas. Podemos ver también en apenas un instante amanecer, atardecer, anochecer y amanecer de nuevo.
Pero todo esto es sólo una aproximación, pues no percibimos la vida a otra velocidad gracias a estos artificios, sino que seguimos percibiendo de la misma manera. La diferencia es que un fragmento de vida, el que se proyecta en la pantalla, transcurre más rápido o más lento que el resto.
De hecho, cuando vemos el trascurso de un día en apenas unos segundos, gracias al truco de grabar un fotograma cada hora sin mover la cámara, tampoco observamos un trascurso real del tiempo, sino tan sólo una selección de algunos momentos, que nos parecen continuos debido al artificio cinematográfico. En definitiva, no vemos en apenas segundos 24 horas, sino tan sólo 24 imágenes tomadas a lo largo de un día.
Queda, sin embargo, abierta la pregunta, ¿y si la percepción del universo fuera más semejante al cine de lo que sospechamos? Y si la manera en que percibimos está compuesta también de instantes discretos a pesar de que nos parecen continuos?.
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