Los gurús americanos

En Estados Unidos, ser un gurú es algo equivalente a ser un super experto en algo. Es un calificativo elogioso, aunque tenga un claro matiz irónico, pues, como dice George Steiner, en Estados Unidos, “donde la irreverencia es tan tradicional como la tarta de cerezas” apenas se encuentran “maestros” a la manera de los de la tradición europea, asiática, africana o del resto de América.

De hecho, la palabra maestro referida a un pensador o a un guía intelectual (“master”) tiene una connotación casi tan ridícula como gurú.

McLuhan, que era canadiense, fue el gran gurú de la modernidad en Estados Unidos, de lo que él llamaba la Galaxia Marconi, que venía a sustituir a la Galaxia Gutenberg; Syd Field y Robert McKee eran o son gurús de la teoría del guión; Negroponte y Esther Dyson fueron o son gurús del mundo digital; Jakob Nielsen es el gurú de la usanbilidad.

Conseguir el título de gurú en Estados Unidos, a pesar de la connotación burlona, es el camino más corto al éxito y al dinero, pues junto a esa irreverencia legendaria, que tanto ha influido en el mundo moderno, en Estados Unidos muchísimas personas están dispuestas a comprar las fórmulas de los gurús como quien compra un coche o una casa.

Un gurú de este estilo comparte ciertas características con los gurús tradicionales de la India: son gente que aparenta saber mucho, pero su conocimiento no procede directamente de lo que llamamos saber académico, sino más bien de su propia experiencia; en el caso de Nielsen, de la observación cuidadosa e inteligente. Un gurú suele señalar algo que estaba a la vista de todos, pero que nadie ha mirado con atención.

Otra característica que comparten los gurús de Estados Unidos y los de la india es que en ambos casos están muy seguros de lo que dicen, suelen hacer listas orales o escritas acerca de lo que se puede hacer o no hacer y hablan de manera extremada pero a mismo tiempo parece estar más allá de lo que dicen.

[Tomado de Usabilidad]

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