Parece condenado al fracaso cualquier intento de convertir el lenguaje común, que es fundamentalmente analógico (y por tanto difícil de dividir en porciones y ambigüo) en un lenguaje digital, concreto, preciso y sin ambigüedad.
Intentos en este sentido han sido el atomismo lógico de Russell o el de Wittgenstein en su Tractatus Logico Philosophicus.
Aunque estos intentos suelen dar un resultado inicial interesante, en cuanto se profundiza se acaba cayendo de nuevo en la ambigüedad e indefinición propia del lenguaje común.
Posiblemente esta ambigüedad y decepción es inevitable porque el lenguaje depende del mundo y no, como opinan los filósofos del lenguaje, el mundo del lenguaje. Sea lo que sea el mundo y sea lo que sea el lenguaje. Pero ese es otro asunto.
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Siempre me fascinó el Tractatus por la enseñanza implícita que deja: si suponemos que el lenguaje tiene la estructura de la realidad, entonces no podemos hablar de la realidad.
Es un comentario verdaderamente interesante, pero tengo que pensar detenidamente si estoy de acuerdo.
A primera vista me da la impresión de que si entre dos conjuntos se da un isomorfismo, eso no impide que hablemos con el uno acerca del otro. Por ejemplo, si tenemos dos lenguas muy similares, digamos el italiano y el español, con una podemos hablar de la otra; y cuanto más isomórficas sean mejor.
El lenguaje del mundo o el mundo del lenguaje??
Es una dicotomía interesante…
Muchas veces es bueno cuestionar la pregunta antes de lanzarse a responder.
Yo creo que el lenguaje contiene al mundo.
Lo que llamamos mundo es, ante todo, una realidad experimentada en primera persona. Desde esa experiencia nosotros vemos, vivimos y nombramos al mundo.
Pero el lenguaje lo trasciende desde el momento en que contiene más dimensiones.
El lenguaje comprende categorías como posible, imaginable, imposible y real. No todas ellas pertenecerían a un mundo “real” externo al sujeto cartesiano.
Ese mundo real tampoco tiene temporalidades, las dimensiones pasado, presente y futuro se dan en el lenguaje.
Claro, lo que dices es cierto, pero sólo una vez que aceptamos ciertos “si…”
“Lo que llamamos mundo”, eso nos pone ya en el territorio del lenguaje. Sí, lo que llamamos “mundo” y ese “mundo” del que hablamos, sin duda es una realidad experimentada en primera persona. Pero eso no significa que el mundo lo sea. El mundo existe antes de que lo experimentemos en primera persona y sigue existiendo cuando ya no lo experimentamos ni en primera persona ni de ninguna manera, sea lo que sea ese mundo y coincida o no con ese “mundo” del que hablamos.
Yo comparto el sano realismo cristiano y creo que el mundo existe antes que el lenguaje. Es ingenioso eso que dices de que el lenguaje contiene más dimensiones que el mundo, porque contiene lo posible, lo imaginable, lo imposible y lo real, pero el mundo también contiene ese lenguaje que contiene todas esas cosas.
Naturalmente, la creencia en que el lenguaje precede al mundo y/o lo crea es tan irrefutable como muchas otras cercanas a los diversos idealismos (entre ellos el asombroso y deslumbrante de Berkeley). Sin embargo, volviendo al primer comentario, también Wittgenstein acabó abandonando la idea de que el lenguaje tiene la estructura de la realidad, costatación inevitable que está implícita precisamente en lo que tu dices acerca de las dimensiones del lenguaje.