Se suele presentar el cosmos geocéntrico como la idea de que todo gira en torno a la Tierra y que, por tanto, la Tierra es lo más importante, puesto que es el centro del universo.
Pero más bien sucede al contrario, la Tierra es lo más bajo y vil, pues es sólo a partir de la Esfera de la Luna que empieza el mundo incorruptible y perfeco, con esferas cristalinas sucesivas hasta legar a la del Primer Motor.
Esa es la concepción aristotélico-ptolemaica y por eso, al parecer, Nicolás de Oresme dudaba de que la Tierra fuera inmóvil, porque eso era propio de los cuerpos perfectos, no de los imperfectos y viles como la Tierra (sublunar)
Tal vez habría que imaginar a las esferas celestes a la inversa de lo habitual.
No son esferas concéntricas a partir de la Tierra, sino, al contrario, a partir del Primer Motor.
Es el Primer Motor el que se mueve, como dice Aristóteles, y al moverse mueve la esfera de las estrellas fijas, que a su vez mueve la del planeta más lejano, y así hasta llegar ala esfera de la Luna y, tras esta, a nuestro mundo sublunar e imperfecto de la Tierra.
Imaginémoslo a la manera de los dioses gnósticos: el primer Dios mueve al segundo, el segundo al tercero, y el último mueve la Tierra, que no está en el verdadero centro como motor, sino como punto com´ñun, imaginario o rea, de las esferas concéntricas.
Situémonos, dicho de otra manera, en la perspectiva de Dios o de la Eternidad: no miramos desde la Tierra hacia el exterior, sino al contrario: desde la esfera más exterior hacia el interior. Y allí, en el extremo del Universo (extremo interior) tal vez vislumbremos ese cuerpo, que ni siquiera emite luz, llamado Tierra.
(Pero el Primer Motor en realidad mueve sin moverse: es lo único realmente fijo.
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