• Daniel Tubau

  • LIBROS DE DANIEL TUBAU

    El guión del siglo 21



    El guión del siglo 21
    El futuro de la narrativa en el mundo audiovisual

    Alba editorial, 407 páginas. 22 €

    En este libro confluyen diversos asuntos que siempre han interesado a su autor: el mundo del guión, la narrativa audiovisual, la literatura clásica y moderna y la fascinación por el mundo digital, Internet y la tecnología. A todo ello hay que sumar la aversión de Daniel Tubau hacia las fórmulas dogmáticas que han dominado durante varias décadas el mundo del guión, tanto en el cine más comercial de Hollywood como en la televisión convencional. Curiosamente, las nuevas tecnologías han contribuido a poner en cuestión todas esas fórmulas mágicas previsibles y mecanizadas y al menos a permitir a muchos contar las cosas de otra manera.


    Las paradojas del guionista
    Reglas y excepciones en la práctica del guión
    390 páginas
    Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.
    (en Casa del Libro)




    Recuerdos de la era analógica,
    una antología del futuro
    Editorial Evohé

    Es un libro de ciencia ficción o de ficción especulativa, pero también un ensayo sobre la identidad, el conflicto entre el mundo digital y analógico, la mortalidad y la inmortalidad y muchos otros asuntos.
    Es una antología de textos que en gran parte todavía no se han escrito. Los antólogos han reunido todo tipo de escritos encontrados en lo que ellos llaman la Arqueo Red, la actual Internet, y por eso para ellos proceden del pasado, pero para nosotros son parte de nuestro presente y de nuestro futuro.
    Esos textos parecen tener alguna característica común, a pesar de que son muy diferentes, quizá porque en cierta manera predicen el futuro en el que viven los antólogos.
    Por alguna razón que no se explica claramente, la Arqueo red en el siglo XXV está cerrada, pero investigadores como los antólogos pueden acceder a ella.
    Libro electrónico (ebook) en Editorial Evohé
    Libro físico (papel) en
    Editorial Evohé


    Elogio de la infidelidad

    Elogio de la infidelidad se podría haber llamado En contra de la fidelidad, pero Daniel Tubau (premio Ciudad de Valencia de ensayo, 2009) ha preferido un elogio a una diatriba. Aunque es una crítica de la fidelidad desde la razón, este libro no pretende destruir ningún valor, sino construirlos desde un análisis sensible y preciso.
    Además de un ensayo, la obra es un canto a la libertad bien entendida y a la honestidad, a la inteligencia y a la razón. A buen seguro provocará en el lector diferentes reacciones y le hará pensar de otra manera sobre un asunto en el que abundan los prejuicios.
    Comprar ebook (2,60€) o libro en papel (9,70€)
    Editorial EVOHÉ




    La verdadera historia de las sociedades secretas
    Alba Editorial, 424 páginas

    La verdadera historia de las sociedades secretas desvela el saber oculto de los influyentes masones y francmasones, los misteriosos rosacruces, los esenios y sicarios contemporáneos de Jesucristo, los magos persas y los sacerdotes egipcios, los asesinos del Viejo de la Montaña, el priorato de Sión y los templarios. Daniel Tubau nos guía a través de un sinfín de ceremonias iniciáticas, cultos mistéricos, lenguajes secretos, símbolos y contraseñas o la asombrosa Cábala)
    (en Casa del Libro)

    elcaminodelosmitos2
    "La nueva teología" en
    El camino de los Mitos
    (en Ediciones Evohé)

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1. El conflicto entre la ciencia real y la doctrina oficial del método científico

(Feyerabend y la filosofía de la ciencia)

Habrá que empezar por exponer cuál es la doctrina oficial del método científico. Debo hacerlo de manera concisa, lo que supone una inevitable simplificación.
Hay que distinguir entre la antigua doctrina, que se puede considerar que arranca con Francis Bacon, continúa con Galileo y culmina en Newton, y las formulaciones actuales, polarizadas fundamentalmente en torno a dos autores: Popper y Kuhn.
La concepción tradicional del método científico se inicia con Bacon, quien considera en el Novum Organon que lo primero que tiene que hacer el científico es recopilar datos, a continuación clasificarlos (él proponía ordenarlos en sus célebres tablas), después observar las regularidades y correlaciones y, sólo entonces, formular generalizaciones o inferencias inductivas. Asienta así la primacía de la observación sobre la teoría, aunque una lectura cuidadosa de la primera parte del Novum Organon nos depara sorpresas que desdicen la tópica imagen del método baconiano, pero no es este lugar para tratar tal asunto.
Newton, el científico más respetado hasta la llegada de Einstein, también opina que “las proposiciones particulares deben ser inferidas de los fenómenos, y luego hechas generales por inducción”. Aunque se atribuye a Whewell la definición ortodoxa más explícita, ya se hallan en Newton, las primeras formulaciones del método hipotético/deductivo. Este método consiste, dice Newton, en “hacer experimentos y observaciones y de extraer conclusiones generales de los mismos mediante inducción, y no admitir objeciones contra las conclusiones, excepto las que proceden de experimentos, o de ciertas otras verdades”1.
En definitiva, el método hipotético-deductivo consta de los siguientes pasos, según el esquema de Noretta Koertge (Koertge, 111):
1) Se plantea un problema científico
2) Se propone una teoría comprobable como
solución
3) Se deduce una consecuencia observable de la
teoría
4) Se hace un experimento para determinar la certeza de la consecuencia
4.1) Si la predicción deducida es correcta, se pone a prueba otra consecuencia
4.2) Si la predicción deducida es incorrecta, se propone otra teoría,
Por su parte, Popper sugiere una versión modificada de este método, rechazando el inductivismo e incidiendo en la importancia de las hipótesis: no se trata de inferir hipótesis a partir de una colección de observaciones, sino de examinar críticamente las hipótesis, lo que nos permitirá rechazar las que conducen a conclusiones falsas, cosa que, eso sí, también se determina a través de experimentos. Pero las teorías, dice Popper, no se pueden comprobar: por muchas observaciones y experimentos que resulten favorables a una concepción científica ésta no dejará de ser simplemente probable. Es más, si una teoría es irrefutable por definición, si es capaz de responder a cualquier prueba o circunstancia imaginable, no es una verdadera teoría científica. La demarcación entre ciencia y no ciencia, sostiene Popper, consiste precisamente en que la primera puede ser refutada, en que es falsable.
Pues bien, Feyerabend se opone a ambas concepciones (al confirmacionismo y al falsacionismo), no sólo porque niega que tales deban ser los métodos de la ciencia, sino porque, la historia de la ciencia muestra claramente que no lo son ni lo han sido nunca.
Si atendemos a la historia de los descubrimientos científicos, dice Feyerabend, constatamos “que no hay una sola regla, por plausible que sea, y por firmemente basada que esté en la epistemología, que no sea infringida en una ocasión u otra (1981:7)”. Esto ha sucedido por dos razones:
“a) porque los investigadores violaron involuntariamente sus propias reglas.
b) porque decidieron conscientemente no someterse a ellas (1981:7).”

Feyerabend reprocha a la mayoría de sus críticos que no penetran en los casos históricos que él estudia en sus libros, sino que consideran sólo sus “comentarios abstractos como si por sí mismos constituyeran toda la argumentación (1985:124)”. Para no ser reo de este delito, examinare, aunque sea brevemente, uno de los ejemplos históricos que Feyerabend utiliza para mostrar la insuficiencia de todas las teorías que pretenden explicar cómo funciona la ciencia.
En La Ciencia en una Sociedad Libre, Feyerabend analiza de nuevo (ya lo hizo en el Tratado), el asunto del copernicanismo y refuta, o lo intenta, una tras otra seis explicaciones del desarrollo del sistema heliocéntrico [que afirma que el centro del cosmos no es la Tierra, sino el Sol]:
“1)Empirismo ingenuo: en la “Edad Media” se prestaba atención a la Biblia, pero llegó un momento en el que la gente levantó la cabeza, contempló los cielos y descubrió que el mundo era distinto de como habla pensado.
2)Empirismo sofisticado: se hicieron nuevas observaciones que obligaron a los astrónomos a revisar una astronomía que ya era empírica.
3)Convencionalismo: la vieja astronomía se hizo cada vez más compleja y acabó siendo sustituida por una explicación más sencilla
4)Falsacionismo: nuevas observaciones refutaron supuestos fundamentales de la vieja astronomía, con lo que se hizo preciso encontrar una nueva astronomía (Popper).
5)Teoría de la crisis: la astronomía estaba en crisis y había que enfrentarse a dicha crisis (Kuhn).
6)Teoría de los programas de investigación: el programa de investigación tolemaico [geocéntrico] degeneró, mientras que el programa de investigación copernicano [heliocéntrico] progresaba (Lakatos)”.
Feyerabend dice que (1), (2), (4) y (5) afirman de distintas maneras una misma idea: que se hicieron nuevas observaciones que mostraron la debilidad del sistema tolemaico y que, sin embargo, el sistema de Copernico no estaba sujeto a esas insuficiencias. A esto responde Feyerabend que una comparación entre las tablas prusianas (pos-copernicanas) y las alfonsinas muestra que las primeras no eran superiores. Por otra parte, el propio Copérnico considera que el sistema tolemaico “es coherente con los valores numéricos” y que estos deben ser respetados (1982: 49).
Respecto al convencionalismo (3), Feyerabend afirma que basta una ojeada a las representaciones gráficas de ambos sistemas para constatar que el sistema copernicano es apenas menos complicado, en lo que se refiere al número de epiciclos, que el tolemaico.
En cuanto a la explicación basada en los programas de investigación (6), un examen de la recepción de la teoría copernicana muestra que no se dio tal situación (degeneración del sistema tolemaico frente a progreso del copernicano). Aunque Feyerabend no lo menciona en este punto, puede recordarse que el mejor astrónomo de la época, Tycho Brahe, prefirió el sistema geocéntrico y fue sólo Kepler, el heredero de su observatorio, el que adaptó las observaciones astronómicas de Brahe, las mejores en aquellos momentos sin ayuda del telescopio, al sistema copernicano.
En cuanto al falsacionismo (4), se puede observar que “hechos tales como el comportamiento de las piedras en su caída refutaban a Copérnico, pero no así a Tolomeo/Aristóteles” (1982: 50).
Tras mostrar la debilidad de las argumentaciones de sus rivales, Feyerabend señala los motivos poco racionales que llevaron a Copérnico y Galileo a confiar en su sistema: el argumento platónico de la armonía y de la perfección del círculo, el misticismo solar, etcétera.
La conclusión de Feyerabend es que, al examinar el desarrollo del punto de vista copernicano, descubrimos “que parte de una fuerte creencia que va contra la razón y la experiencia contemporáneas, y que se extiende y encuentra apoyo en otras creencias que son igualmente irrazonables (1981: 10).”
Todo esto hace concluir a Feyerabend que la historia de la ciencia muestra que los científicos nunca han actuado siguiendo las concepciones propuestas por los filósofos de la ciencia y que, además, a menudo se han dejado llevar por motivos irracionales. En el próximo apartado se examinará más en detalle la oposición de Feyerabend a las propuestas de Popper y Kuhn.

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